lunes, 31 de agosto de 2026

Autorretrato

 


Me llamo Diego Alejandro. A veces me pregunto si lo que tengo es una pereza muy horrible o una depresión bien espantosa. Uno de mis miedos más ilógicos, absurdos, extraños e irracionales es que una persona me pueda leer la mente. No me gusta el fútbol, ni siquiera lo veo en televisión, pero soy seguidor del América de Cali. Me gusta bailar, pero las personas que me atraen no saben hacerlo. Odio eso. Podría definirme como persona en situación de ansiedad. A veces me da envidia la forma en que cierta gente habita las palabras, porque hablan en idioma de poeta. Me gusta comer lulos y tomates de árbol, como si fueran mangos: pelados y en trozos pequeños. Me cuesta conectarme con mis emociones, a veces pienso que estoy en medio de una nebulosa que no me deja ver qué estoy sintiendo. Mi número favorito es el 11. Quiero volver a Buenos Aires, Ciudad de México y Río de Janeiro. Me gustan las historias sobre personajes que buscan su lugar en el mundo, creo que conectan conmigo, con la búsqueda de una voz propia. Amo el color negro. El compilado de columnas periodísticas de Leila Guerriero es el libro más lindo de poesía que he leído. Odio la expresión “placer culpable”, pienso que no podés sentir culpa porque algo te produce placer (a menos que seas un pederasta o un zoófilo). Quiero estar vivo para cuando la humanidad tenga contacto con alguna civilización extraterrestre. La última vez que lloré en cine fue con ‘Past lives' de Celine Song. Detesto pensar de mil formas distintas las cosas, darles vueltas una y otra vez. Pienso, como dijo el juglar vallenato, que la herida que siempre llevo en el alma no cicatriza. No tengo la más mínima idea de cómo terminar este texto, pero aquí estoy, haciéndolo.

domingo, 9 de agosto de 2026

Desorden

 

Tomado de este enlace

Hoy me desperté y luego de mi rutina de lectura (para aprovechar el silencio y la quietud del hogar), me puse a recoger poco a poco el desorden acumulado alrededor. Los carros, los libros, los zapatos pequeños que se estrenaron hace rato, la ropita que se deja por ahí cuando estás cambiando de afán al niño, los bloques de plástico, la basura que se va quedando, las cosas que el toddler movió de lugar.

Me pregunté si acaso ese desorden, más allá del impulso de ordenar (como si fuera la diástole y la sístole de una casa), no era una manifestación de la fuerza vital de sus habitantes. 

Eso. O que también me di una pasada ayer por este blog buscando una cita de un libro que sabía que había publicado en algún momento por acá (la encontré para mayor seña entre los archivos de 2013) y me encontré con la sorpresa de que don Albertico (o el Mantra, o el Caleño, o como sea la forma en que él se refiera a sí mismo), estaba escribiendo por acá. Y quise también hacer lo mismo. 

miércoles, 29 de mayo de 2024

Somos una colcha de retazos



Mi abuela se pasaba las tardes haciendo colchas de retazos. Cada pedacito de tela, unido por hilo, formaba una manta que nos protegía contra el frío. Cada fragmento entraba en diálogo con los otros, creaban una unidad. Allí su belleza.

Nuestra unidad es una colcha de retazos, un diálogo con las películas, los autores, la música, los podcasts que escuchamos, nuestra profesión, gustos y pasiones, incluso lo que odiamos. Hoy tenemos incluso que pensarnos, no solo como consumidores, sino como productores.


Para ver mi colcha de retazos, aquí.

miércoles, 22 de mayo de 2024

Las narrativas transmedia y el yo contemporáneo

 Llevo muchos años sin escribir en este blog (a veces se me olvida incluso que existe, a veces se me olvida porqué lo llamé así), pero debo retornar por un requerimiento académico: publicar una entrada en una bitácora donde hable o explore una definición de narrativa transmedia. Me da muchísima pereza crear una nueva página, pero también me da verguenza que alguien lea alguna de las cosas que aquí consigné. Todo esto me llevó a pensar ¿En qué medida el ser que somos hoy es también un ser fragmentado, una especie de narrativa transmedia que dialoga con nuestro pasado?



Cada época trae consigo una manera de relacionarse con los textos. La nuestra es hipertextual, fragmentada y expandida. 


Creemos que la hipertextualidad es una característica de los textos contemporáneos, de las lecturas que hacemos en las páginas de los diarios donde una noticia nos puede llevar a otra, por citar un ejemplo. Si se piensa bien, cuando se lee en impreso, encontramos una nota al pie que nos amplía información y a veces el autor de un ensayo invita a leer otras cosas. Una citación es, en cierto modo, una invitación a seguir una cadena de hipertextualidad: nos dicen que tal o cual cosa ya fue mencionada o trabajado antes. Incluso en una viñeta de cómic podía aparecer una nota del editor, señalando que tal suceso remite a una historia anterior.


Las experiencias de lectura donde se expanden los significados, las experiencias o las historias no son nuevas. Desde la primera película de Star Wars ya había un esfuerzo por ampliar el universo de George Lucas, donde a través de cómics y libros, se expandía el producto original (Scolari, 2015). Entonces ¿qué es lo nuevo, lo propio de nuestra época?


Podríamos decir, tomando prestadas ciertas palabras, que las narrativas transmedia “son una particular forma narrativa que se expande a través de diferentes sistemas de significación (verbal, icónico, audiovisual, interactivo, etc.) y medios (cine, cómic, televisión, video- juegos, teatro, etc.)” (Scolari, 2015, p. 19). No son sólo la simultaneidad, el hipervínculo, la convergencia, sino también la expansión. Es aprovechar las posibilidades y potenciales de cada texto y cada plataforma, que fragmentan los modos de consumo (Medina, 2015). Y como diría Scolari, “Lo Transmedia es interacción” (Scolari, 2015, p. 20).


Falta añadir un último componente. Las redes sociales, la democratización de la producción de contenidos (donde algunos prefieren hablar de prosumidor, un consumidor de contenidos que también los produce), la proliferación de plataformas y formatos, el software libre, entre otros, añaden otra capa: las narrativas del yo.


Espacios digitales donde los anteriores consumidores pudieron convertirse en productores de contenido. No tenemos que limitarnos a la oferta que un medio nos está generando, sino que podemos buscar alternativas más acordes a nuestros consumos. Tweets, podcasts, reels, tiktoks, carruseles de imágenes, son formatos de producción de textos, audio y video que hablan del potencial y de la convergencia de plataformas. 


Experiencias no lineales que a veces llegan a parecerse más a los procesos de creación y de pensamiento: algo que resuena y nos lleva a otra parte. La simultaneidad es la regla. Las redes han modificado la forma en que nos relacionamos con el otro: un like, una reacción, dicen mucho de nuestras amistades. Un meme compartido puede ser una declaración de intenciones. Una transmisión de un streamer de videojuegos, ya no queremos jugar, queremos ver a otro hacerlo. Un mundo donde el soporte no es tangible y la instauración de un régimen escópico donde la hiperrealidad de hoy, no será la de mañana.


Ahora pienso que no sé qué sería más vergonzoso: si alguien llegara a la entrada donde escribí sobre la lectura de Cincuenta sombras, la vez que me dio por leer y pensar en el público al que estaba dirigida la Revista Cosmopolitan o cuando escribí sobre un libro cursi de literatura juvenil. Algunas cosas tienen un componente autobiográfico, por el anhelo de poder decir algo que me inquietaba. O cosas que leía y me quedaban resonando



¿Qué elementos componen mi yo, fraccionado, fragmentado, transmedial, que muestro en las redes? ¿Los fragmentos de las lecturas que hice y que subí en este blog? ¿Los tableros con escenas de Lego o las ideas para tatuajes que guardo en Pinterest? ¿Los videos de poesía que subo en tiktok? ¿Las cosas absurdas que a veces se me ocurren y subo en X? ¿Soy la historia médica que reposa en el sistema de salud o la colección de información que guardan en Recursos Humanos? ¿Soy la migraña con la que llevo dos días o la ansiedad generalizada con la que mantengo? ¿Qué tanto corresponde a mí el algoritmo que me recomienda series y películas en Max, Netflix, Mubi o Disney+? ¿O soy la canción que sonaba en mi cabeza todo el tiempo que estuve escribiendo esta entrada?





Bibliografía

Medina, R E. (2015). Transmedia, territorio para la no ficción. Revista enfoco. Año 08 (49), abril - junio 2015. p. 48 - 50.


Rincón, O. (2015). La cultura digital: contar, generar experiencia y entretener. Revista enfoco. Año 08 (49), abril - junio 2015. p. 10 - 11.


Scolari, C A. (2015). ¿Qué son las narrativas transmedia. Revista enfoco. Año 08 (49), abril - junio 2015. p. 18 - 23.





jueves, 17 de septiembre de 2020

Carta a mi yo de 5 años

 


Hola Diego Alejandro de 5 años. 

Tal vez estés triste porque hace poco se murió nuestro abuelo. Hoy, a unas semanas de que cumplamos 37, quiero decirte que ese día es uno de los más nublados y tristes de nuestras vidas. Siempre nos vamos a preguntar en nuestros momentos felices si él va a estar en alguna parte mirándonos. Y sí, en su momento sabremos que lo está. 

Estás en un momento único e irrepetible. Muchas de las cosas no vas a entenderlas ahora, pero más adelante tendrán sentido (créeme, a mi edad aún no logro entender algunas de ellas). Cuando la abuela María se sienta a ayudarnos a parar los muñecos de Yupi y separarlos por colores, mezclarlos y volverlos a agrupar, nos enseña a clasificar el mundo, a darle forma y orden. La abuela será la entrada a un mundo mágico que sabes que existe, un mundo de formas, sombras, encantos y saberes que parecen ir en contra del mundo racional que hoy habito (pero tú y yo sabemos que ambos existen pacíficamente y en el fondo no riñen entre sí).

En algún momento vas a pensar que el mundo de los adultos es aburrido, y sí, tienes razón. Peleo para que no sea así. Por eso leo muchos libros y cómics, paso horas jugando Nintendo y armo muñecos de Lego, de esta forma sigues viviendo dentro de mí. Quiero decirte además que hace poco descubrí que el sabor de los cholados y raspados me lleva a nuestra infancia, cuando la tía Pepa nos llevaba de paseo y nos gastaba uno.

Hoy tenemos un compañero de aventuras: nuestro sobrino que nos reconcilia con la vida. Con Matías armamos espadas de cartón para vencer a unos demonios invisibles; nos tiramos en el suelo a dibujar gatos, monstruos y ciudades; él baja nuestros libros de la biblioteca y arma castillos que protegen del ataque de dragones; se acuesta a nuestro lado para que juntos veamos televisión.

Tu y yo hemos logrado muchas cosas, hemos alcanzado sueños que parecían imposibles. Solamente no dejes de creer.

Aún vives dentro de mí. 

Yo, es decir tú, pero a los 36.


miércoles, 17 de octubre de 2018

Sobra tiempo



Es fácil estar solo. Te acostumbras a tus ritmos, aprendes a conocerte. Sabes qué necesitas y qué buscas. Te acompaña tu ansiedad, aprendes a reconocer cuando estás en medio de un episodio de esos, cuando tu cielo se nubla y no quieres buscar refugio.

Aparece alguien. Y te conectas. Tratas de hacerlo, es casi como caminar en la cuerda floja sin malla de protección. Estás no solo a merced de tus ataques de ansiedad, sino también de los ajenos. La llama que arde con fuerza de entrada, corre el riesgo de apagarse pronto. Hay señales de alerta. Piensas que tal vez sos vos quien, cansado de caminar a través de las mentiras del mundo, te has vuelto insensible, difícil, complicado.

Recuerdas que antes (dos, tres, cuatro veces) has estado en la misma situación. Mal harías en deshonrar tu memoria y tus aprendizajes de este modo. Sabes que antes has estado en ese mismo lugar, con diferente gente. En estos casos no hay lugar para sorpresas. Es mejor prevenir que curar. Mejor perder el impulso que la calma. Sobra tiempo para estar incómodo, presa de una ansiedad ajena. Primero vos y tu calma. Para lo demás sobra tiempo. Para lo demás hay catarsis.

sábado, 26 de mayo de 2018

Las armas secretas (fragmento) - J. Cortázar


Ahora voy a pensar en ti, querida, solamente en ti toda la noche. Voy a pensar solamente en ti, es la única manera de sentirme a mí mismo, tenerte en el centro de mí mismo como un árbol, desprenderme poco a poco del tronco que me sostiene y me guía, flotar a tu alrededor cautelosamente, tanteando el aire con cada hoja (verdes, verdes, yo mismo y tú misma, tronco de savia y hojas verdes: verdes, verdes), sin alejarme de ti, sin dejar que lo otro penetre entre tú y yo, me distraiga de ti, me prive por un solo segundo de saber que esta noche está girando hacia el amanecer y que allá del otro lado, donde vives y estás durmiendo, será otra vez de noche cuando lleguemos juntos y entremos a tu casa, subamos los peldaños del porche, encendamos las luces, acariciemos a tu perro, bebamos café, nos miremos tanto antes de que yo te abrace (tenerte en el centro de mí mismo como un árbol) y te lleve hasta la escalera (pero no hay ninguna bola de vidrio) y empecemos a subir, subir, la puerta está cerrada, pero tengo la llave en el bolsillo...


miércoles, 16 de mayo de 2018

Adolescente que duerme

La imagen fue tomada de esta página

Un débil rayo de luz matutina se cuela a través de las cortinas grises de aquel cuarto de paredes blancas. En el suelo hay algo de desorden, medias a un lado, camisetas regadas a lo largo de la habitación; unos guayos llenos de lodo reposan en una esquina, junto a un balón de fútbol. Hay también un maletín abierto, varios cuadernos por fuera, una sudadera sucia, una chaqueta trajinada y maloliente, papeles desperdigados a un lado y otro. Justo en el centro de la habitación hay una cama y en ella, envuelto en esas sábanas blancas duerme plácidamente un adolescente. Aún no se ha dado cuenta de que le llegó la menstruación.

lunes, 14 de mayo de 2018

Un día díficil

La imagen fue tomada de esta página

Lisa se despierta asustada, ya es tarde para salir a trabajar. Se baña lo más rápido que puede, ya tendrá tiempo el fin de semana para lavar su cabello como acostumbra. Se viste con lo primero que encuentra. Se parte una de sus uñas con la mesa de noche. No tiene tiempo para preparar desayuno, ni mucho menos de escoger la fruta que comerá a media mañana. Abre la nevera, coge lo primero que encuentra. Un yogur que se venció hace dos días. Con suerte no le caerá mal a su organismo. Con suerte el colon irritable de Lisa le perdonará esta imprudencia. Con suerte. Sale corriendo. Luego de veinte minutos pasa el bus que la lleva a la oficina. Va sudando, apretada en medio del tumulto. Un hombre está muy cerca a Lisa, le soba sus partes íntimas. Alguien cerca parece no haberse bañado. Y todavía falta mucho para llegar. Al parecer será un largo, casi interminable día.

martes, 6 de febrero de 2018

Salir con alguien



Salir con alguien es salir con las soledades que carga esa persona, con sus vacíos, sus carencias, sus ausencias. 

Es descubrir que el universo, de a dos, puede llegar a ser habitado más fácil. 

Es dejar a un lado la carga, para compartir por breves instantes el gozo de una grata compañía, el placer de una conversación sin rumbos fijos ni planes premeditados.

Es aventurarse a descubrir otro ritmo, otro compás, otra forma de moverse por el espacio. 

Es abrir una puerta para descubrir nuevas ideas.

Es permitirse entrar en tensión con ciertos valores y criterios, encontrar posibilidades, ver con otros ojos lo cotidiano.

jueves, 25 de enero de 2018

Las heridas ocultas que llevamos

Tomado de aquí


"Ser escritor significa detenerse en las heridas ocultas que llevamos en nuestro interior, de cuya existencia, como mucho, tenemos una ligera idea, descubrirlas y conocerlas pacientemente, sacarlas bien a la luz y convertir esas heridas y sufrimientos en una parte de nuestra escritura y nuestra personalidad que abrazamos conscientemente"

Orhan Pamuk

domingo, 21 de enero de 2018

Historias de seres anónimos IV



Esos dos que bailan escondidos en el centro de la pista no son una pareja de novios o de amantes. Sí, lo parecen, porque se nota en la forma en que se miran, esa manera de moverse, esa cadencia y esa sincronía. Eso no es gratuito.

Bailan una salsa suave, una canción reservada para personas que tienen entre sí un nivel elevado de confianza. Pero estos dos en particular no son pareja. Pudieron llegar a serlo, pero eso es pasad, periódico de ayer que nadie procura ya leer.

Hubo muchas chispas cuando se conocieron. Alguien en común los presentó en un restaurante, intercambiaron números, se llamaron, se vieron, salieron. Las cosas parecían haber salido bien para quien actuó de celestina.

Pasaron varias tardes recostados en una cama comiendo chucherías, de esas que no nutren nada el cuerpo pero que son, a veces, tan necesarias para la felicidad de dos personas resignadas a engordar.

Todo parecía ir muy bien.

Pero hemos llegado a ese momento de la narración donde nos encontramos con un "pero". El de estos dos seres humanos fue la desconfianza, la incapacidad de preguntar, de manera abierta las dudas e interrogantes. El error fue suponer. Ella creyó que él, a pesar de la evidencia, era un hombre casado y sin atreverse a confirmar, se alejó porque mejor así, antes de comprometer aún más los sentimientos.

Él, al notar que ella le huía y lo evitaba, al constatar que no respondía sus mensajes, que no contestaba sus llamadas y que cada vez eran más escasos los momentos juntos, decidió tomar también otro rumbo.

Tiempo después él comenzó a salir con alguien, ella encontró a otro hombre. Cada cual pensó que sus caminos no se cruzarían. Hasta esta noche que se encontraron por casualidad en una discoteca. Están bailando, ya actualizaron los hechos de los últimos meses y se saben lejos el uno del otro. Tal vez podemos engañarnos a nosotros mismos, pero no a nuestros cuerpos: los de esta pareja que ya no es pareja se sienten aún cercanos, se saben aún los recorridos de la piel y el deseo. Lo que nadie sabe es que la canción que está terminando es la última oportunidad que tienen para repensarlo todo y tal vez seguir. Ambos dan un giro lento, suave, él le da las gracias, ella le sonríe, se van. Fragilidad.

miércoles, 10 de enero de 2018

Los libros de 2017



Es probable que a diez días de haber iniciado este nuevo año sea algo tarde para aprovechar y hacer balance del anterior. Sin embargo, dado que este recuento también le interesa a otra persona en el mundo (Hola Andrea), me sentiría mal por no hacerlo. Fueron 56 libros los que leí el año pasado, todo seguido por goodreads.

El primer libro del año fue la Antología de grandes reportajes colombianos que compiló Daniel Samper Pizano, que recoge una buena selección publicada en diarios y revistas de material que aún hoy en día se usa para enseñar periodismo en las universidades. "El día en que llovieron plátanos"  de Ernesto McCausland Sojo y "Caracas sin agua" de García Márquez son piezas memorables. Leer estos reportajes sirvió para recordar que quizás, uno de los oficios o labores más bellas del periodismo es narrar mucho más allá de los hechos noticiosos.

También leí Retrato en sangre de John Katzenbach, motivado por la lectura de El Psicoanalista. Este libro quizás no tenga la fuerza y el enganche, más bien es medio flojo a momentos, pero fue entretenido en últimas. Como para pasar el tiempo.

La mamá de una de mis mejores amigas me prestó Y las montañas hablaron de Khaled Hosseini, un libro que duró cerca de cuatro meses en mi mesa de noche hasta que tomé el impulso de leerlo de una buena vez por todas. Una historia muy linda, que sigue el curso de dos hermanos que se separan desde muy pequeños. Memorable.

En 2017 se dio la oportunidad de releer Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, un libro que revela mucho sobre nosotros, nuestra humanidad. Una historia que llega a abrirnos los ojos sobre la manera cómo nos movemos por el mundo, lo invisible que se tornan algunas cosas que parecen básicas. Una bella pero estremecedora fábula.

También leí Mientras escribo de Stephen King, un libro compuesto por varios textos en los que el maestro del terror habla sobre sus pulsiones al momento de asumir la escritura, la experiencia de los primeros años, la vida como docente, algunos de sus demonios, la escritura como puente y salvación.

Leí cositas varias sobre escritura. Libros con selección de consejos de escritores, una guía para mejorar la escritura de ficción de una de las escuelas de Estados Unidos. Seda de Baricco, de nuevo, por segunda vez, siempre hay que volver a la sencillez poética de esas líneas. Los textos de escritura de Murakami. La belleza y la simpleza de la prosa de Evelio Rosero en Los Ejércitos, la historia de ese hombre viejo que vive en un pueblo perdido en medio de la violencia colombiana. Muchos cómics, batallas de héroes, seres poderosos en su intento fallido de conquistar el universo. Pecado de Laura Restrepo, una publicación que quería leer desde mitad de año y que llegó a mí gracias a un accidentado regalo, fue el libro de cerrar el 2017.

Espero que el 2018 venga con nuevos destinos literarios. Espero terminar en algún momento la colección de cuentos de Raymond Carver que empecé a leer a mitad de año. Espero avanzar con la lectura de la saga de La torre oscura de King. Espero leer, sí, y también escribir, que es la propuesta de cada año. Esperemos entonces.

martes, 17 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos III

La foto es de aquí

Las relaciones humanas son complejas. Bastante. Pensemos en dos seres, un hombre y una mujer. Son afines, podría decirse que se gustan, son compatibles. Esto bastaría para crear una historia de amor y romance muy sencilla: se conocen, salen, disfrutan de la vida, se conectan, discuten, se distancian. Feliz, feliz final o se alejan en definitiva. Pero no, no es el caso de estos dos seres.

Por un lado, digamos, las cosas no son tan sencillas: ella tiene novio, parece amarlo, parecen llevarse bien. Los fines de semana se quedan juntos, parecen uno de esos matrimonios de gente joven, que asumen la vida poco a poco, como se vaya presentando.

Y nuestro hombre... parece estar cómodo en su mundo de soltería. No porque viva en un mundo de desenfreno, en una debacle de lujuria y pasiones exacerbadas. Al contrario, su mundo parece muy calmado así, sin los afanes de una relación, de alguien demandando atención, y aunque asume que su posición es algo egoísta, así es el momento de la vida en que se encuentra.

La cuestión es que esta mujer le atrae. Es linda, es buena lectora y puede pasarse conversando con ella gran parte del día. Eso le encanta en una mujer: que pueda estar con ella sin que sienta el andar del reloj. Ese olvido del tiempo, del espacio, del mundo exterior, tan sólo ambos compartiendo por instantes este paso por la vida, es clave para él.

Ese otro que existe en la vida de ella es una sombra, una presencia que está ahí, en medio de los dos, los observa (sin saberlo) e impide que ellos, el hombre y la mujer que protagonizan este relato, den el siguiente paso, el que todos esperan se dé cuando un hombre y una mujer cualesquiera se atraen.

Ambos salen, comparten un instante de café, risas, libros, películas para ver en un momento determinado y anécdotas, de esas que suelen abundar cuando los seres humanos no se han privado de vivir, sí, como debe ser.

Y la despedida, decirse adiós con un beso en la mejilla cuando en el fondo lo que anhelan es un beso intenso, comerse los labios, abrazarse, abrasarse. La despedida es ese momento que los regresa al mundo, al aquí y ahora, para recordar que no pueden tenerse, que las circunstancias actuales los obligan a ser tan sólo amigos.

¿Y por qué ella no deja a su novio? Por el cariño de lo construido a lo largo de los años, los momentos, la sensación de bienestar, lo conoce y a pesar de que el amor no arde con la misma intensidad, no se traiciona de buenas a primeras lo que es querido.

¿Y por qué no tienen un romance a escondidas? Por que tienen miedo a que los descubran, a enamorarse, a comprometerse. Incluso, a perder la amistad que tienen.

Así están, sintiendo que les falta un poquito de todo cuando se despiden, sintiendo que ya nada es necesario cuando están cerca. Él con su miedo al compromiso piensa en ella. Ella piensa en esos dos hombres y no sabe qué hacer.

Las relaciones humanas son, de lejos, bastante complejas.

domingo, 15 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos II



Un hombre está tranquilo en su apartamento. Escucha música, de ese tipo que invita precisamente a la calma. Este hombre tiene cerca de 40 años, no es lo que se dice alguien atlético, pero al menos no está pasado de kilos. Su pelo está pintado de algunas canas, que no son pocas, pero no interesa saber con exactitud cuántas, solo que nos baste con saber eso.

Nuestro hombre en cuestión está recostado en la cama, escuchando música. Y suena el timbre.

Acaba de llegar la mujer con la que está saliendo, aunque sea más apropiado decir que ella tiene una aventura con él. Ambos trabajan juntos, ella es la asistente administrativa de la oficina, tiene 22 años y tiene novio. Por eso prefieren evitar las demostración de afecto en público. Nada de sonrisitas coquetas ni miradas furtivas, nada de celos ni comportamientos que los pongan en evidencia ante los demás. Es preferible que crean que se llevan muy bien a que anden circulando voces, habladurías, chismes. Es mejor evitar.

Se acuestan, se besan, dan vueltas en la cama, se acarician. Los amantes no tienen un orden para el deseo, se dejan llevar por lo más básico y primario de sus instintos. Se buscan, se anhelan. Tal es el ardor de la llama de lo prohibido, arde con fuerza porque teme el momento de su extinción.

Una vez saciada su necesidad, los besos, caricias y jugueteo, se quedan recostados uno al lado del otro, en ese silencio cómplice del deseo mutuo.

- Tengo la ligera impresión de que le gusto a Víctor.
- ¿Por qué dices eso?
- Es que a veces siento que me mira diferente, como me dice las cosas...
- ¿Tú crees?
- Además... a veces tiene detalles conmigo.
- La secretaria también tiene detalles conmigo y eso no quiere decir que ella esté interesada en mí.
- No es eso en sí. Es cómo lo hace, a eso me refiero.
- ¿Y cuál es el problema con todo eso?
- Pues que no quiero tenerlo encima mío todo el tiempo, rondándome, hablándome, invitándome a salir.
- ¿Y? ¿Acaso es mucho problema evitarlo, decirle que no, dejarle las cosas en claro?
- Eso no es problema, es que...
- ¿Qué?
- Pues que me da la impresión que al rechazarlo va a insistir más y más y capaz al final se dé cuenta de esto entre vos y yo.

Nuestro hombre antes de que la joven siga exponiendo su lista de temores, antes de que el miedo se apodere de ella la besa para espantarle las nubes. Se quita la camisa y le dice, así, entre besos, con el arrebato de las manos que recorren la piel, que no piense en eso, nada va a pasar, para eso son precavidos y cautelosos, ya verían, nada malo iba a suceder. Con frecuencia Dios protege a los pecadores.

martes, 10 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos I

La imagen es de acá

Digamos dos seres humanos, un hombre, una mujer, que tienen en común que son lectores desaforados. Se conocen de forma circunstancial, tal vez en algún comentario en un foro, por el tipo de contenido en alguna red social, algo de ese tipo. Lo importante es establecer que así fue el primer contacto que ambos tuvieron: virtual.

Mensaje va, mensaje viene. Todo parecía indicar que eran muy afines por que es fácil hablar de libros, es lindo encontrar a alguien que también sienta fascinación por las letras. Tal vez en el fondo ambos son un par de personas solitarias que se refugian en los libros por que no encuentran su lugar en este planeta o este es un sitio estremecedor y complejo. No sabemos a ciencia cierta la causa, la razón para que se lleven tan bien.

Llegó el día en que decidieron salir y tomar un café, para pasar del contacto virtual al físico. Sí, lo normal en estos casos: ansiedad, algo de susto, algo de nervios. Ella no sabía qué ponerse, él no sabía qué decir. La cuestión es que se encontraron y... no, no hubo chispa, esa chispa que tenían tanto. La conversación no fluyó, los silencios fueron más que incómodos, desesperantes. Al final se despidieron con una desazón y una angustia atravesada en la espina dorsal. 

De vez en cuando se saludan y se preguntan un par de cosas, por mera cortesía. Nada de romance, libros o cosas de esas.

viernes, 28 de julio de 2017

Cicatriz



"¿Por qué quiere la familia a toda costa que cicatricen las heridas? Una tiene derecho a no reponerse de una pena amorosa".

En La biblioteca de los libros rechazados, David Foenkinos.

miércoles, 18 de enero de 2017

2016 en libros

Imagen tomada de aquí

Es casi pecado que vayan ya casi 20 días de haber iniciado el 2017 y apenas venir a hacer un balance del año pasado. Es feo. Casi de mala educación. Se acostumbra a leer los balances y este tipo de cosas a finales o primerísimos días del nuevo año, es decir, que para esta fecha, dos semanas después, como que no cuadra.

Pero dado que mi balance del año no es estrictamente un balance, sino un repaso por los libros que leí durante la vigencia inmediatamente anterior me permito esa licencia, seleccionando de todas las 50 cosas que leí a lo largo del año (cuenta que llevo gracias al uso de goodreads), aquello que creo merece ser mencionado.

¿Qué libros leí?

El Principito. Varios años atrás leí este libro y decidí volver a leerlo porque encontré una edición bilingüe (español - francés). Recuerdo muy bien que iba en el transporte masivo, pensando en cierto alguien de ese cierto momento y empecé a leerlo.

Seconds: una obra de Bryan Lee O'Malley, autor de Scott Pilgrim. Este es un cómic sobre una chef que busca abrir un nuevo restaurante y en el proceso se encuentra con un espíritu que le da la posibilidad de corregir los errores del pasado. Una lectura por demás hermosa.

El escultor: Este cómic de Scott McCloud fue el desencadenante de una serie de sucesos que luego, en algún momento, me sentaré a narrar. Gracias a él sucedieron cosas, indirectamente. Una obra sobre la búsqueda de la perfección profesional, el amor, la vida, cómo asumimos las cosas. Eso.

Cantar de lejanía: Una antología de Juan Manuel Roca que encontré y leí porque una mujer, amante de la poesía y de las cartas escritas a mano, me lo recomendó como autor, como poeta. Una poesía quizás comprometida con el contexto histórico, con el conflicto armado, que deja ver, en las sutilezas del lenguaje, ese país que habitamos. Que gran acierto fue encontrar a Roca este año.

Seda: un clásico de Alessandro Baricco, uno de los grandes pendientes que tenía desde mi paso por la universidad, una bella historia de amor. Sutil y triste, sí.

Lo que no tiene nombre (Piedad Bonnett): Tuve la oportunidad de conocer a Bonnett en un conversatorio que organizaron acá, gracias al cual pude acercarme a esta obra con la que tenía resistencia. Es sobre el duelo y la ausencia, sobre cómo construimos la imagen de ese ser amado que falta.

Tokio Blues: otro pendiente. Todos los que son buenos lectores me decían que este es el libro que debía leer de Murakami. Y sí. Muy lindo. 

Mi padre y otros accidentes (Paola Guevara): de una sinceridad narrativa impresionante, un excelente ejercicio que ejemplifica cómo narrativizar la vida y las experiencias personales, de cómo dejar salir el dolor por medio de la literatura.

El Macanudo Universal 2: es Liniers, sus tiras son hermosas.

Achiote (Alberto Montt): un regalo que llegó desde Argentina, así, inesperado, algo que no me imaginaba, cuando solo pensaba que vendrían alfajores o un vino, un regalo de esos que apuntan directo al corazón.

Sí, muchos cómics. Tal vez se me escapan varios que deberían estar en esta lista. Sí, tal vez las descripciones son algo escuetas. Pero a eso vinimos al mundo, a reflexionar y debatir. La lista completa en mi perfil de goodreads, en la sección de leídos. Por todo lo demás, lo vivido, lo viajado, lo leído, lo besado, lo disfrutado, salud.

martes, 3 de enero de 2017

Un hombre. Una mesa.




Un hombre. Una mesa. Un café lleno de gente. Varios minutos. La puerta. Una mujer. Un saludo. Una invitación, un rechazo. Algo de nostalgia por dentro. Una excusa, una disculpa, un adiós para siempre. La misma mujer, la puerta, un silencio, el mismo hombre, un par de lágrimas.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Algo que aún no sabemos



Imaginemos juntos una situación, amigo lector. Una tarde un hombre de 30 y algo sale a encontrarse en un centro comercial con una amiga con la que no se ve hace un buen tiempo. No importa el nombre de este hombre, tampoco importa su apariencia, que nos baste con crear una imagen de él a partir de unas pocas coordenadas o instrucciones: digamos que no es feo, no es alto, no es atlético; es, por así decirlo, un hombre que pasaría por nuestro lado y no llamaría nuestra atención.

Entonces este hombre sale de trabajar y va a encontrarse con su amiga. Pero esta amiga no está sola, la acompaña una mujer de 20 y algo, casi treinta. Andan juntas porque es una de esas tardes en las que las amigas aprovechan que pudieron salir temprano y se fueron a recorrer vitrinas, tomar algo y charlar. Fue en el transcurso de esa tarde que la amiga en común llamó a nuestro hombre y quedaron de verse.

Y así como no importa mucho cómo es nuestro hombre, tampoco nos interesa cómo es nuestra mujer.

Nuestro hombre llega, se encuentra con su amiga y con nuestra mujer y siente algo, una corriente, electricidad, un flechazo, algo que no podemos precisar ni esclarecer, algo así, indeterminado. Digamos que nuestra mujer le llamó la atención, le pareció interesante, llamativa. Los románticos, los eternos enamorados del amor preferirán decir que fue amor a primera vista; los racionales al extremo preferirán establecer una teoría a partir de la química corporal, las feromonas, todo eso; los lectores de intereses más espirituales podrían decir que sus energías vibraron en la misma frecuencia. Por eso solo quiero decir que nuestro hombre sintió tan solo algo.

Y ese algo bastó para que pensara en nuestra mujer, en que quería charlar de nuevo con ella, en otro lugar, otro contexto. Más tarde, a solas, la amiga le dice que invite a esa mujer a salir, que no lo piense tanto, que la invite a salir.

Es ahí donde los universos múltiples entran en escena, porque es a partir de una serie de decisiones que tomamos o no, o que postergamos o que dejamos pasar sin hacer nada (para razones metafísicas, no hacer algo es hacer algo) que van definiendo nuestro camino, nuestro universo.

Nuestro hombre podría llamar a nuestra mujer y decirle, luego de un par de minutos de charla, que deberían verse, tomar un café o un par de cervezas, charlar frente a frente, cosas de esas que se suelen hacer cuando se invita a salir por primera vez. Pero él también podría decidir que no, que eso algo que sintió es solo eso, algo, que no quiere malgastar esfuerzos, que va a esperar tiempo para dejar si es ella la que lo busca, que tal vez ese algo no es lo suficiente algo, lo bastante algo como para pasarlo a otro nivel, excusas y pretextos los hay por montones.

Pero también pensemos en las posibilidades de nuestra mujer. La amiga en común le dice a ella, con esa sutileza que caracteriza a algunas celestinas, que es evidente que entre los dos hubo algo, que se notó que hubo un chispazo, una conexión, que se llamaron la atención, se atrajeron, algo. Nuestra mujer podría admitir que hubo algo, pero que ese algo no es tan fuerte, que mejor esperar; o su experiencia (y sus decisiones anteriores) le han enseñado que es preferible ignorar ese algo (porque nada bueno sale de esos algo inesperados, mejor dejar así, mejor dejar que nuestro hombre la busque, permitir que el tiempo madure o no ese algo, diversas razones hay para esperar, lo sabemos). Pero también podría decir que no, que ese algo que la amiga en común creyó sentir es solo imaginación, también existe esa posibilidad.

Nuestro hombre le pide a la amiga en común el número de nuestra mujer, decide llamarla e invitarla a salir. Y dentro de todo ese abanico de opciones, ella acepta la invitación.

Salen y encuentran que ese algo en particular es nada. O bueno, no es algo de lo que pueda surgir un más allá que los lleve a relacionarse a ese nivel. Es un algo que los hace ser buenos amigos, afines, que charlan rico, que comparten cosas.

O salen y se enteran que ese algo los despistó. En realidad ambos chocan como seres humanos, se caen mal, al borde del odio, y deciden no volver a llamarse, salir, ni siquiera preguntar por el otro a la amiga en común.

O él llega y ella no alcanza a llegar. Ella llega y a él le ocurre algo en el camino. Ambos no pueden llegar. El abanico de opciones que se pueden presentar es infinito, amigo lector. Esa es la ley del universo.

También puede suceder que salen y ese algo florece con timidez. Y va creciendo, fortaleciéndose con cada roce de las manos, con cada mirada, con cada conversación que tienen, el suspiro a las tres de la tarde, el decir (no importa quién lo diga) “justo en este momento pensaba en vos”, compartir una película, contradecirse, encontrarse un momento para tomar algo, así como cuando ese algo que usted y yo, amigo lector, hemos encontrado en nuestras vidas, en nuestros caminos va creciendo, generando más y más caminos y opciones.

Ese algo entre nuestro hombre y nuestra mujer va creciendo. Sí, se gustan. Y puede que salgan por un buen tiempo y encuentren que el sexo entre los dos es la experiencia más decepcionante de sus vidas; es posible que ese algo se convierta en una de esas relaciones en las que el sexo es lo único que une a dos personas, así como es posible (porque antes ha sucedido) que de solo tener sexo comiencen a desarrollar algo, salen juntos unos dos o tres meses y se dan cuenta que no, que no funcionan, o deciden que estar juntos los hace felices, les gusta y deciden comprometerse. También es posible que no, que solo les interese el buen sexo que ambos tienen y prefieren no tirar de los hilos del destino.

Y aún en el caso de que nuestro hombre y nuestra mujer decidan ser novios, se siguen presentando infinitas posibilidades. Él le es infiel, a ella le aparece un ex del pasado, a él le sale una beca para estudiar en el exterior, a ella la transfieren a otra ciudad, a él le entra la idiotez de “no eres tú, soy yo”, a ella le parece que él no la llena por completo, él entra en crisis, ella conoce a otro hombre que le produce más que ese algo que nuestro hombre le produce. Vaya, tanto usted, amigo lector, como yo sabemos que el camino es culebrero, y que las historias del universo de “felices por siempre” solo suceden en los cuentos de hadas.

Supongamos que ese noviazgo sobrevive a una combinatoria de posibilidades, entresijos, vericuetos y vertientes que les surjan en el camino. Entonces llega el momento en que uno de los dos decide llevar esa relación a otro nivel, que es hora de dar el gran paso (aquí gran paso tiene matices, puede ser vivir juntos, casarse, tener un hijo o no, eso, con toda la infinitud de opciones que vienen: aceptar, decir que no, aceptar y que no funcione, decir que no y luego arrepentirse, o, dado el caso, que ambos decidan que mejor seguir así y no tentar al destino).

Y dan ese paso. Y son felices. O no. Las opciones del universo son infinitas.

Entonces volvamos a ese momento de donde habíamos partido, a nuestro hombre, en lo que denominados el presente, cuando aún tiene 30 y algo y no se decide a llamar a nuestra mujer, cuando hay un algo ahí, en medio. ¿Qué podría hacer nuestro hombre? ¿Arriesgarse y llamarla, ser osado, igual no hay nada que perder? ¿Dejar así, simplemente?

Ante esa incertidumbre se encuentra nuestro hombre. Sabe que en algún momento se verá con ella, que es probable que vuelvan a encontrarse y es en ese instante donde tomará una decisión. Y no sabemos ante esa acción, qué hará nuestra mujer. Tal vez decida ella llamarlo, tal vez lo esté pensando algo, tal vez se decida ella a actuar, tal vez espere el primer movimiento de él para devolver la pelota, como en un partido de tenis. Así. Y nosotros, tanto usted amigo lector, como yo que escribo esto, no sabemos qué va a pasar. No sabemos.