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martes, 29 de septiembre de 2015

Después

Odiar debe ser desgastante. Sentir rencor debe consumirlo a uno poco a poco, agotando -sin que nos demos cuenta- las reservas de energía para esos días en que se necesita. Eso no quiere decir que no se pueda sentir dolor, más bien se trata de no permitir que ese dolor se torne mezquino, ruin, cruel, que se convierta en odio, en rencor.

Y no, no es fácil. Se requiere disminuir la cuota de ego y admitir que también se tuvo la culpa, que se pudo haber actuado distinto. De eso se trata la vida, de poder aprender, de cambiar lo que está mal, lo que no puede seguir de ese modo.

Porque en la vida, ese viaje tan corto pero tan bello, no hay cabida para el odio, para el rencor.

Así, para cuando una mañana gris, se vaya caminando por un pasillo cualquiera -como la entrada a una universidad, rodeada de árboles y paisaje-, suene una canción y poder sonreír, porque ambos son felices, después.

sábado, 1 de agosto de 2015

Tonto y estúpido libro cursi



Los que me conocen saben de sobra que soy un romántico empedernido, que mi naturaleza es la de un hombre cursi. Sí, soy de ese tipo de hombre que suspira en medio de una comedia romántica, que cree en el poder del amor, en esas cosas. Por eso tal vez no les extrañe el tema que hoy me hace escribir.

Hace poco, en un momento de ocio en mi oficina decidí descargar un libro para leer en esos instantes como en el que me encontraba en que había poco o nada para hacer. Recientemente, en una visita a la librería vi en una de sus estanterías la portada de "Eleanor & Park", uno de tantos libros alojados en la sección de novedades que leen los jóvenes con avidez, escrito por uno de esos autores que han tomado fuerza gracias a sus páginas de internet, de esos que están apareciendo en masa en los últimos años.

Y me llamó la atención solo por su portada, en la que aparecían dos jovencitos escuchando música juntos con un mismo par de audífonos (cosa que, ahora que lo pienso, me recordó a "Begin again", una película protagonizada por Keira Knigthley y Mark Ruffalo). Como iba de salida, pensé que luego le daría una ojeada al libro, sin mayores pretensiones.

Un par de días después, me dio por leer una reseña que escribió alguien en Goodreads (una red social basada en libros, en la cual se puede añadir los que actualmente se están leyendo, añadir listas, gustos y preferencias para que el sistema haga recomendaciones de títulos, se pueda entrar en contacto con gente que tenga gustos afines...) y me llamó la atención la mención del libro.

Así que, intrigado, me dio por buscarlo y lo encontré en uno de tantos foros dedicados a esta literatura como tal.

Leí el libro en dos días. 

(No es que sea una literatura difícil de leer, llena de enredidos y metáforas, que cuestionen la naturaleza del ser humano, no.)

Tampoco es el mejor libro que haya leído hasta el momento. No.

Simplemente es que el libro se dejó leer, fácil.

Es la historia del primer amor entre dos jóvenes de una secundaria en Estados Unidos; ambos son catalogados como raros, ella viste raro, es la nueva de la ruta del autobús escolar, no la chica más linda que se haya visto; él es de ascendencia coreana, es delgado, y es un joven en extremo callado. Y se conocen de un modo poco convencional, raro. Y comienzan a gustarse. Así se va desarrollando la historia, sin contar mayores detalles ni dar spoilers.

Y fue, quizás, lo que hizo evocar en mí, lo que más me gustó de toda la experiencia.

Cuando tenía apenas once años, tuve mi primera novia. Mi familia se acababa de mudar a una casa en un pasaje estrecho y yo era el niño nuevo de la zona. En esa época yo no salía de mi casa, mi hermano y yo nos entreteníamos con nuestros videojuegos, leyendo, viendo televisión, jugando entre nosotros. Empecé a notar que una niña que vivía diagonal a nosotros, miraba mucho para el balcón del segundo piso donde nos hacíamos mi hermano y yo. Y esa niña a veces parecía estar pendiente de lo que yo hablaba o decía.

No recuerdo cómo o porqué me hice amigo de ella.  Tal vez fue su hermana mayor la que un día me llamó para presentarme a la hermana menor y, con el consentimiento de mi mamá, me acerqué. Nos hicimos amigos. Y salíamos a jugar y nos reíamos, de esas cosas que uno hace cuando es niño.

En las vacaciones, una vez entraron los amigos del pasaje a jugar con nosotros en nuestro nintendo y ella aprovechó un momento y me llevó arriba, a las escaleras del segundo piso que llevaban a la terraza y me dijo que yo le gustaba, que si nos hacíamos novios. Y dije que sí.

Fueron unos días bonitos. Bonitos porque me acostaba en el suelo del balcón a pensar en ella. Bonitos porque descubrí lo que eran los celos de una mujer (porque alguna vez se molestó cuando miré a alguna niña con los hormonales ojos de un prepuberto). Bonitos porque me quedaba charlando con ella de no sé que cosas que en ese instante de mi vida eran trascendentales (tal vez del último capítulo de Superboy, de lo que había pasado en Caballeros del Zodíaco, de esas cosas). Bonitos.

No sé cuánto duramos.Solo sé que se mudaron de casa y dejé de verla.

Un par de años atrás, mi mamá se encontró con la mamá de mi primera novia. Hablaron de esas cosas que hablan las personas que fueron vecinas en algún momento de la vida. Mi mamá me contó que ella, mi primera novia, ahora vivía con su actual pareja y que tenía dos hijos.

Y por esa sensación que me generó "Eleanor & Park" es la causa de esta entrada, recordar ese primer amor, puro y lo más de inocente.

Todo por ese tonto, estúpido y bonito, sobre todo bonito, libro cursi.

viernes, 24 de julio de 2015

"No, ella no te odia"



Entonces ese hombre que creía que alguien lo odiaba, supo, se enteró que esa mujer del pasado lo había perdonado y que lo recordaba sin rencor. Fue por tal motivo que tiró todo al aire y salió corriendo colina arriba, respirando libre, sonriendo. Es feliz.


Si quiere saber de qué hablo, vaya a esta entrada y lea. Concéntrese por favor en el penúltimo párrafo, eso es todo.

lunes, 11 de mayo de 2015

Tómalo todo



Lo quieres todo ¿Cierto? Vamos, tómalo todo, no te preocupes, a eso he venido al mundo, a darlo  todo... eso no me preocupa. Cierta vez que hablamos, cuando recién nos conocimos y decidimos salir como un par de seres humanos que se atraían, te dije que conmigo podías tener lo que desearas, lo que siempre hubieras anhelado, yo iba a estar allí para ayudarte a alcanzar tus metas, a obtener lo que quisieras.

Pero también dije que tuvieras cuidado con esa cadena de avaricia y codicia.

Así que dale, llévate todo lo que tus delicadas manos puedan abarcar, todo lo que sientas que debes tener, dale, no importa. Igual, nadie piensa nada malo mientras tú abarcas las cosas con esa sonrisa tan tuya, nadie va a sentir que lo que haces está mal.

Y sí, es una lástima.

Estuve ahí cuando caíste, dándote la mano para que te levantaras, y a mi lado te repusiste. Cuando nadie te dio apoyo, yo lo hice. Cuando nadie creía en tí, cuando ni siquiera vos misma creías en vos, te demostré que estaba equivocada, que podías, que eras capaz. Y pudiste, levantaste tu mirada por solo un momento y pudiste.

¿Entonces? ¿Lo quieres todo? No lo pienses.

Y mientras tu estúpida avaricia te dice que debes pensar tan solo en ti, que nada interesa más en la vida, que te mereces más y más y más, que necesitas seguir adelante, que la vida te debe compensar todo lo que te ha faltado, lo que te han negado, lo que has sufrido, mientras vos haces todo eso y me dejas a la deriva, en el limbo, yo, con la espalda apoyada en la pared, te veo llevarte todo, apostarlo todo a los dados, creer que puedes, veo como buscas llenar tus manos, como deseas saciarte... y es triste.

Es triste porque al final lo tendrás todo, pero no tendrás nada de mi.


Catarsis de hace ya un buen tiempo atrás, a partir de una canción, la cual hoy prefiero reservarme.

viernes, 6 de marzo de 2015

Inexactitud del tiempo

Hoy, mientras buscaba unos archivos en mi memoria usb, encontré algo que escribí hace ya un buen tiempo, en el 2008. Tras sufrir un par de modificaciones, un par de líneas que decidí había que pulir, sentí que quería publicarlo. Porque como recientemente me enseñó alguien, "al pasado hay que honrarlo".



Los cuentos de antes empezaban con “había una vez” o “érase una vez”, para indicar un tiempo y un lugar distantes y remotos, incalculables. Así mismo debería empezar esta historia.

Hubo una vez en que tú y yo fuimos felices… hubo una vez en que tú y yo solíamos ser muy buenos amigos, en que las cosas fluían naturalmente; en que los extraños mecanismos del universo se movían a un solo ritmo, en una misma danza sutil e imperceptible; unos días en que los minutos florecían y dejaban un aroma en el aire que sólo unos cuantos podíamos sentir.

Hablo de esos días cuando llegaste a mi vida. Yo acababa de romper con alguien y me encontraba en ese momento en el que uno se siente más solo que nunca, más desadaptado del mundo y sin nada qué hacer. Exactamente, para ser más precisos, tú ya estabas en mi mundo desde cinco o seis años atrás, pero fue en ese punto cuando tu existencia cobró fuerza en mi desolada existencia.

Caminar contigo, estar a tu lado era someterse a vivir una experiencia salida de un musical, porque todo era único, mágico y diferente… la gente alrededor parecía bailar y entonar la misma canción. El más pequeño comentario, un leve gesto, un tropezón imperceptible, una disimulada equivocación o un incómodo silencio daban paso a nuestras carcajadas prolongadas que provocaban que quienes nos rodeaban nos miraran como un par de orates, chiflados, locos.

Nuestra amistad era eso y más ¿Cómo explicarle al mundo que jamás corrimos el velo ante nuestros ojos? ¿Cómo decirles que no sabíamos que de fondo había más? La gente nos preguntaba si éramos novios y siempre respondíamos que no, tan sólo somos los mejores amigos del mundo…

Quizás esa era una forma de mentirles a ellos, y sobre todo, a nosotros mismos.

Nuestra amistad era como una de esas telas que se van deshaciendo al halar un hilo… dejamos una pequeña hilacha suelta y al tirar de ella nuestros verdaderos sentimientos se fueron desprendiendo. Fue a partir de esa noche cuando llegamos ebrios a tu casa, cuando nos recostamos en tu cama a charlar y te besé… fue a partir de ese instante en que nuestros corazones se abrieron como la caja de Pandora y dejamos salir lo que atesorábamos sin saberlo.

Al principio te daba asco pensar en tu mejor amigo y tú, en la cama, en la madrugada… pero esos encuentros se hicieron recurrentes, y las caricias disimuladas, el contacto, el comentario con doble sentido… entonces sí, comprendimos que todo encajaba perfectamente, que nos habíamos enamorado sin intuirlo, que quizás si nos acoplábamos tan bien era por ese motivo. Tantas cosas, tanto tiempo.

Pero no todo fue perfecto…

Enamorarse de tu mejor amiga tiene sus ventajas… y sus desventajas también.

Como me conocías por completo temías de que fuera un capricho mío, algo momentáneo y pasajero. Te dio miedo perder al que considerabas uno de los seres más importantes de tu vida e intentaste frenar con todo. Yo no te lo permití… ya habías entrado de lleno en mi vida. Así muchas veces mientras hacíamos el amor, tú preguntabas si te quería y mi respuesta, cargada de una ternura nacida solamente para tus oídos, te llenaba de colores los oídos, de aromas las manos, de susurros la nariz. Y te aferrabas a mí tan fuerte que pensaba que de esa manera tratabas de que las palabras no se escaparan de tu lado.

Aún así… el miedo nunca se fue. Una y otra vez tuve que decirte que no era como creías.

Temías que al final me alejara de tu lado y te hiciera daño…
Al final de todo lo hice…

Ambos cambiamos. Me hiciste creer que todo lo habías hecho por conservar la amistad, que me besabas tan sólo porque me gustaba. Según tú poco disfrutabas de mis besos… pensé que no eras feliz conmigo, por eso me aparté del camino, para que encontraras tu felicidad con el sacrificio de la mía.

Es posible que mi error haya sido alejarme sin decir nada, sin buscarte para al menos darte una explicación o pedirte una. Por comentarios de la gente ne enteré que estabas bien… nadie dijo nunca que sufrías por dentro, tal vez porque jamás le demuestras al mundo lo que verdaderamente sientes.

No sé como reaccionaste cuando supiste por otra persona que ya había conocido a alguien y que salíamos. Había pasado un mes desde que pensé en alejarme de tu rumbo y ser sólo tu amigo. No sé si lloraste, no sé si sufriste… pensé que eso era lo que querías cuando me decías que buscara a otra mujer…

Por eso esta historia debió comenzar con el típico “érase una vez”, porque hubo un tiempo en que fuimos felices y ya no, porque hubo un nosotros en lugar de tú y yo por separado… porque ese “érase una vez” representa el tiempo inexacto y el lugar perdido en el espacio en que estuvimos unidos.

¿Ó lo estamos?

Porque aún te busco… porque te robo besos a la fuerza… porque no haces mayores esfuerzos por librarte de mí presencia… porque sin importar si estoy con alguien deseo regresar contigo…


Y ahora yaces a mi lado sin moverte… cualquiera diría que acabo de matarte impulsivamente para terminar con todo. Pero no. Esta no es una historia de asesinos, sino de profanadores de amores enterrados sin haber muerto; es una historia de la manera en como las circunstancias alteran en pocos meses una amistad de muchos años. Si, estás a mi lado durmiendo semidesnuda y yo te abrazo y te acaricio. Sé que jamás me voy a alejar de ti porque por más que intente somos un círculo vicioso; como una cinta de Moebius que al empezar una línea que recorra la figura siempre regresa al punto de partida; somos como un deja-vú sentimental que sucede en el tiempo una y otra, una y otra, una y otra vez.

jueves, 29 de mayo de 2014

I want to know what love is



A veces me cuesta entender qué es el amor, todos parecen saber de él, hablan de él, incluso yo mismo lo he mencionado bastantes veces creyendo alcanzarlo, tocarlo, sentirlo, vivirlo y... no sé ¿Es un sentimiento? ¿Es una fuerza de vida? ¿Es todo y es nada al mismo tiempo? ¿Es cielo y es infierno? ¿Es alegría y es tristeza? ¿Es darlo todo sin temor a perderlo? ¿Es no esperar nada de nadie pero al mismo tiempo esperando todo de la vida?

Y si el amor es fuerza y nos mueve y nos alienta y nos hace respirar y nos alegra y nos pone a suspirar... ¿Por qué cada vez parece costarnos más creer en él? ¿Por qué tememos amar de nuevo, entregarnos a esa posibilidad, a asumir la vida con otros ojos? ¿Acaso son tan fuertes y estremecedores los fantasmas del pasado? ¿Tanto dolor hemos vivido? ¿Por qué no creer? ¿Por qué hacerlo?

No sé en últimas qué es el amor y tampoco lo entiendo. 

Pareciera que en cada ser humano con el que nos relacionamos, con cada persona con la que decidimos darnos una (esa) oportunidad, pareciera, sí, que radica una definición diferente del amor, de lo que es amar.

Al menos tengo ganas de aprender de tu definición, tengo ganas de que tú me enseñes.

Que suene Foreigner, por favor. 

lunes, 19 de mayo de 2014

El sufrimiento es opcional.




La vida es una inevitable y larga cadena de decisiones. A cada instante tenemos qué tomarlas, al levantarnos decidimos qué hacer primero, qué desayunar, incluso si hacerlo o no, cómo solucionar problemas. Los hechos más simples de la vida cotidiana se ven atravesados por decisiones. Incluso, lo que no podemos controlar, lo que deciden los demás, se ve afectado por nuestras decisiones... entonces si alguien nos hiere, uno elige si sufrir o qué. El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

martes, 13 de mayo de 2014

Con temor a todo



La naturaleza de nosotros, los seres humanos, es contradictoria. Terminamos una relación y quedamos prevenidos ante el mundo, ante las excusas, ante el dolor, ante el sufrimiento, la tristeza, la desidia, la desazón. Y nos da miedo, vemos en los ojos del otro el dolor que alguien, en un pasado (cercano, mediano, lejano, eterno, no tan olvidado quizás) nos causó. Tememos embarcarnos entonces en una causa, en un viaje que nunca podremos conocer ni su rumbo ni su destino. Y el futuro podrá estar lleno de quizás y de varios tal vez, al igual que de peros, aunque, y si... pero igual tememos. Tememos porque nuestra vida está llena precisamente de eso, de futuro, de ansiedades. 

Aun así, ante ese panorama, igual seguimos. 

Porque lo importante no es haber caído, sino aprender a cometer otros errores, aprender que el otro es otro, no el mismo, no la anterior, no la de siempre, no el de antes, es otro, otro ser humano, con todo lo que eso significa, circunstancias diferentes, temores nuevos, traumas, certezas, sonrisas, instantes, todo diferente. Y si no fuera así no tendría sentido conocer a alguien, que te robe suspiros y momentos del día, que te haga sonreír por cosas, detalles; con la ansiedad de todo, con ganas de crear instantáneas, de robarle minutos al tiempo para esperar sentado, mientras el viento se te enreda en los cabellos y todo. Aún así seguimos, en esta incertidumbre de conocer al otro, sin nada de certezas, tan solo la esperanza, con temor a todo.

viernes, 11 de abril de 2014

El destino del amor




Hoy, mientras revisaba mi perfil de facebook buscando algo que no viene al caso, encontré una de las primeras fotos que le tomé a una exnovia (que no viene al caso mencionar quién o qué, porque el que lea tal vez sabrá de quién hablo y así). Y no sé qué fue, pero la vi hermosa, recordé que me había enamorado, que me había encantado y sonreí.

Y pasa que con el tiempo y la vida y lo cotidiano y la rutina y el corre corre y todo, uno se va desencontrando, se desdibuja la persona y lo bello se diluye; amar hace daño y no se reconoce la mirada del ser amado. El amar parece haberse convertido en una serie de actos, rutinas aprendidas de memoria, de vacíos, ausencias, eso.

Entonces, una mañana, despiertas y sientes que quien duerme a tu lado parece ser un extraño y te preguntas por el destino del amor. Y sin embargo está ahí... pero tampoco está.

viernes, 14 de febrero de 2014

Mi teoría de las ex



Ayer hacía una reflexión sobre los y las ex y la posibilidad de ser amigos. Decía también que no todos las ex son material para ser amigos y eso se debe al tipo de exnovia que uno tenga. Cada persona con la que uno ha tenido una relación de pareja (y limitemos la teoría solo a relaciones serias) se podría clasificar en una de cinco categorías.

1. La exnovia que no puede ser nombrada. Sí, una mujer que tal vez nos hizo sufrir mucho, que nos hizo comer harta de la que sabemos, que nos hizo vivir un tormento. Esa mujer con la que vivimos una relación sacada de una mala y perversa novela mexicana. Esa. La que no soportamos que no nos nombren, la que así hayamos olvidado, pues no, nada, ni el saludo, por las razones que sean.

2. La exnovia que aparece de cuando en cuando para darse un repaso. Típico, está veraneada, no levanta nada y quiere sus dos o tres horas de cariño pero que al final ni una invitación a un café ni un "yo te llamo", nada. Una repasadita a la lección para que no se nos olvide lo estudiado y adiós.

3. Contrario al tipo de exnovia anterior, está la ex que luego de un buen tiempo siente que las cosas pueden mejorar, que aún hay algo por ahí, que siente, que todavía tiene ganas de seguir. La exnovia con la que uno cangrejea.

4. La ex que ni fu ni fa. Un encuentro casual en la calle, en un centro comercial, en los pasillos de alguna entidad gubernamental, donde sea. Se saludan y ya, no se paran a conversar (o si conversan es más bien poco), no actualizan datos (nada de "dame tu nuevo número", ni de volver a ser amigos en facebook, ni seguirse en twitter, entre otros). Es solo una conocida más entre una larga lista de gente que uno conoce.

5. La ex de la que se puede ser amigo. Esta persona debe ser especial, debe haber sido muy significativa para la vida, tal vez de esas que en poco tiempo se hizo querer. Y bueno, que luego de terminar la relación, de decantar todo el rencor que pueda quedar, de dejar pasar algo de tiempo, uno admite que lejos de todo lo malo que pudieron vivir y que es un gran ser humano que vale la pena conservar al lado de uno, como amiga.

Esa es para mí la taxonomía de las exnovias. Si alguien que me lea (¿Alguien me lee?) tiene otra categoría para agregar bienvenida sea.

jueves, 13 de febrero de 2014

La palabra EXNOVIA

Y como es la costumbre en este blog, la imagen poco o nada tiene qué ver con la entrada.

No entiendo por qué muchas mujeres huyen cuando uno dice "soy amigo de mi exnovia". Es como si se tuviera que odiar, por ley de la naturaleza, la ley de la selva, el hakuna matata de las relaciones, yo que sé, que esa persona con la que se vivieron muchos momentos pero que en la actualidad gracias, pero no gracias.

Tal vez nos hemos acostumbrado a que los exnovios y las exnovias solo nos sirven para ese "repaso" temporal en épocas de verano. Guiño, guiño. 

¿Acaso será que es más fácil llevar una relación distante y ajena? ¿Acaso es por que hay temor en el fondo por no haber cerrado ciclos y toda esa cosa?

Ahora... no se puede ser amigo de cualquier ex. No. No todos los seres humanos, por un lado, creen en la posibilidad de crear una amistad luego de un noviazgo (no quiero aquí hablar de madurez sentimental y todo eso porque ni idea si eso sea así), y por el otro, no todos los ex son material para una amistad.

Yo soy amigo de un par de exnovias. Ellas son la muestra de que si se puede ser amigos, habiendo sido pareja en el pasado, y en la actualidad no tener ni el más mínimo deseo de buscar avivar un fuego reducido a cenizas.


sábado, 26 de junio de 2010

El arte de olvidar una tusa



No hay nadie en todo el mundo que no haya pasado por esta. Ni estrellas del cine, ni rockeros, ni top models, cuando digo nadie es NADIE. A todos en algún momento de la vida nos han cogido el corazón y lo han tratado como la cerámica fina de una mamá, puesta en una repisa, y que golpeada por un balón de fútbol cae al suelo volviéndose "damier". Y eso no tiene superbonder (mejor dicho, pegamento) que lo arregle, por más que uno quiera arreglarlo quedan las marcas.

Una tusa de amor (como suele llamarse al período posterior de un rompimiento sentimental) transforma a cualquiera. Vivir se convierte en un drama, la sonrisa se pierde de los labios (y así usted sonría es una sonrisa triste), en cualquier momento se salen las lágrimas y todos lloramos como cualquier protagonista de telenovela de las 3 de la tarde (que es cuando las novelas son más tediosas y sufridas). Para nadie es fácil superar una traga. Sin embargo, existen un par de métodos y cositas que se pueden hacer para salir de esa etapa.

Los primeros días está permitido llorar y lamentarse. Llore todo lo que quiera, flagelese todo lo que pueda, pero sin exagerar. "No hagas de esto un musical de Lisa Minelli, dijo la mamá de los Harper. Sólo un par de días, máximo una semana, procurando que el tiempo sea proporcional a la cantidad de tiempo que duró la relación (estoy a la espera de que algún científico desarrolle una fórmula para calcular el tiempo adecuado). Llorar 5 meses por una relación de 1 o 2 meses es no tener vida social.

Se recomienda que durante ese mismo lapso de tiempo se escuche, oiga y cante a todo pulmón, cuanta canción de despecho y desamor exista sobre el planeta, porque si de llorar se trata se debe hacer a moco tendido, hasta que cuelgue moco de la nariz y los rojos queden bien rojos. Para iniciar, se pueden entonar con clásicos de Los Bukis como "pero recuerda, nadie es perfecto y tú lo verás, tal vez mil cosas mejores vendrán pero un cariño sincero jamás" hasta temas como "rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho". Aquí todo se vale.

No crea en eso de "un clavo saca otro clavo", intentar olvidar a alguien por este método es un mero pajazo mental. Además de un ligero sentimiento de culpa, que no debería sentir, tenderá a comparar a uno y otro, ella hace esto, la otra no; él me besa con pasión, el otro no. Mejor evite el dilema. Quietico le va mejor.
Una vez pasado el tiempo prudente, se recomienda buscar uno de esos amigos todo destino, de esos con los que no se sabe donde se va a terminar el día, de esos con los que uno sale a tomarse una cerveza en un bar y amanece en un bus rumbo a otra ciudad; de esos que están dispuestos a todo, incluso de tirarse de un puente colgante, practicando bungie jumping. Si usted quiere irse a bailar vayase con él. Si quiere tomar hasta que el hígado deje de funcionar hágalo. Si prefiere caminar sin rumbo fijo bien pueda. Paralelo a esto, mientras habla con su amigo, desahóguese, hable mal de su anterior pareja, insúltela, pero sin excesos, no abuse. Aproveche la oportunidad para hacer cosas que no podía hacer antes, es buena terapia.

Y por último, córtese el cabello, compre ropita nueva, cambie de look. Aparte de darse otra imagen, puede aprovechar para conocer nueva gente. Así, cuando menos se lo espere estará rodeado de otras personas, estará en otro ambiente y ya ni pensará en quien lo hizo sufrir. Ahora, si por más que intenta no logra hacerlo, coja el directorio telefónico, busque un psicólogo con bonito anuncio y gaste un buen billetín en terapias.

Este texto se lo había prometido hace tiempo a Tikkiander, cuando en ese momento tuvo un amor para olvidar... pero aprovecho la ocasión para agradecerle a mis amigos que en su debido tiempo estuvieron ahí en una situacíón similar.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Dos canciones de RBD


A riesgo de recibir mil comentarios burlándose de esto...

Creo que el amor siempre ha sido una fuerza que ha hecho que los seres humanos cometan mil idioteces, tonterías, bobadas, cursilerias. No digo que cuando uno lo vive sea bonito, sea bacano, super, genial, único... pero es innegable que usando el nombre y la bandera de este sentimiento se han cometido muchas bestialidades.

He de confesar que hubo una época, hace más de tres años, en que me gustaban dos canciones de RBD sólo porque a la mujer que amaba en esa época le gustaban, un par que habían marcado ciertos momentos de pareja y bueno, evocarlas significaba evocar esos instantes, instantes que se viven al lado de alguien, minutos que unen más y más a los amantes...

La primera es "Sálvame", una balada que ella y yo oímos juntos en la última parte del concierto de esta agrupación mexicana en nuestra ciudad; yo le había conseguido las entradas para que pudiera verlos en presentación y bueno, se apagan todas las luces, candela y celulares en la mano y todo el estadio canta "Extrañarte es mi necesidad, vivo en la desesperanza desde que tu ya no vuelves más...".

La segunda está ligada a un momento cercano y similar a "The Pillow Book", cuando ya la relación se estaba yendo a pique, cuando todo dolía y estar cerca era equivalente a estar a la distancia. Una blusa que deja ver un par de hermosos senos blancos y con su letra a lapicero, sobre su piel estas líneas "Y este corazón que te robaste cuando te marchaste, y te marchaste con mis besos, con mis besos y mis sueños. Y este corazón está latiendo cada vez más lento y estoy sintiendo en mis adentros como el fuego no se apagó".

Cuando ya todo se había acabado y yo estaba nadando, perdón con los más sensibles, entre la física mierda, oía este par de canciones en la radio de mi trabajo de aquel entonces y me sentía el ser más solitario, miserable, triste y misero sobre estas tierras del Sagrado Corazón de Jebús. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa la mujer que más había amado se había marchado de mi vida... y por más que en el fondo yo rogara "come and save me tonight", y por más que yo le pidiera a alguien que me salvara del olvido, que me salvara de la soledad, ella nunca regresó.

Escuchar ahora esas dos canciones cuando paso el dial de alguna emisora, cuando se oye a lo lejos a todo volumen en una casa, me hace recordar que hubo una vez (como si se tratara de un lejano cuento de hadas) en que amé a una mujer, que yo un insensato y le hice daño, que fui egoísta y la herí horrible... Así, dos temas de una agrupación que la gran mayoría de gente de mi edad odia, significan algo para mí. Y sí, uno aprende a levantarse, y quizás después de eso no he vuelto a amar así a nadie pero también admito, parafraseando algo que dijo una vez una amiga, que luego de ella aprendí a querer mejor.

jueves, 2 de octubre de 2008

Sin daño a terceros


El tiempo es un mal doctor por que no sirve para curar las heridas. Tan sólo las cierra pero si te das cuenta éstas pueden doler con el paso de los años, incluso volver a abrirse.  Y si mi amor era para vos una dulce desdicha, quizás el tuyo sea una herida que no quiere sanar... en el fondo del alma se alimenta este amor, presa joven del mal juego de una traición y ajá... 

¿Sabes? Creo que las lágrimas que has derramado me pertenecen. Cada una, al contacto con tu piel, al caer al sucio suelo, y antes de que se evaporen gritan mi nombre y no se si es por esto o por aquello o por lo de más allá.

Sí, tú y yo solíamos ser muy buenos amigos, unos de los mejores, solíamos estar juntos, siempre, pero un día, por siempre, halamos una cuerda y como ciertos tejidos, nuestros sentimientos se fueron desprendiendo. Sí, la amistad era un pretexto, una excusa, para amarnos en el callado y oscuro de los silencios.

I really feel
I'm losing my best friend 
I can't believe 
This could be the end 

(...) 

Don't speak 
I know just what you're saying 
So please stop explaining 
Don't tell me 'cause it hurts 
Don't speak 
I know what you're thinking 
I don't need your reasons 
Don't tell me 'cause it hurts

Sí, y aunque no creas, aunque te parezca mentira, a mí me duele... ¿Recuerdas esa canción? Te la puse cierto día y te dije que te la dedicaba. Al parecer entendiste lo que te quería decir porque cada vez que peleabamos tú la oías. Pero hoy no quiero que hables... porque de noche las palabras sobran, y son nuestras manos las que hablan.

Dicen que una bala siempre dice la verdad...

lunes, 22 de septiembre de 2008

Las segundas veces III


"¿x q necesita sufrir hasta el final si puedes ahorrar este sufrimiento, acaso no me dijiste que el sufrimiento es opcional?"

"Aunque uno es ocioso y siempre quiere saber el final, regularmente uno podría gastarse la plata en una película mejor"

Con estas frases de cierta amiga y colega mía quiero cerrar, al menos por un tiempo, el dichoso tema de las segundas y demás veces. Sí, ella tiene toda la berraca razón (y por eso, mil veces fuck!)... al final siempre va a haber dolor, lágrimas, decepciones, y todas esas cosas que se sienten con la partida, la ruptura. Y quizás uno podría ir a ver una nueva película, de la cual uno ha recibido buenos comentarios (siguiendo con la metáfora), pero nadie podrá quitarnos esa sensación, esos deseos de ver esa película, por mala que digan que sea, puede más la nostalgia, el cariño por el filme... en fin, en resumidas cuentas, no sé, como diría una señorita de polvos mágicos "todo es relativo", hoy no quiero divagar...

Las segundas veces II


Aunque esta nueva entrada que publico hoy vaya en contra de la primera parte (en resumen: las segundas partes generalmente no superan las espectativas de las primeras), un comentario de alguien en mi correo me hizo reflexionar algo:

"Solo sé que no conozco muchas segundas partes buenas, pero sería muy dificil seguir la vida sin saber que hubiese pasado tal vez esa sea la gran defensa de las segundas partes..."

Muchas veces uno ve la segunda parte de un filme por amor al arte, por pasión cinematográfica, por gusto, porque se tiene al menos la impresión de que las expectativas son muchas y ya se sabe a que atenerse con esa obra... e incluso algunos han visto una tercera parte tan sólo por saber ocmo se tiraron la historia de esa película. Alguien cierta vez me comentó que se vio Terminator III sólo por verla, porque bueno... incluso mencionó que Terminator II es mejor que la primera. Y ahora que lo pienso, para entender, comprender y apreciar toda la magnificiencia del Señor de Los Anillos se tiene que, como mínimo, ver toda la trilogía completa. 

Al final, uno, como espectador, va a sentir la necesidad de saber al final como terminó la historia ¿Destruyeron el anillo? ¿Se casaron al final? ¿En qué quedó todo? ¿Pudieron detener la catastrofe final? ¿Si valió la pena tanto esfuerzo? ¿La pildora azul o la roja?

Entonces sí, a pesar de todo, a pesar de que quizás uno vaya a saber a qué atenerse, a pesar de que uno sabe que se van a cometer los mismos errores, que el cuento de la confianza rota, de que no va a ser lo mismo, que vale, que a lo mejor me lo merezco, bueno, pero mi voz no te la vendo y lo que opinen de nosotros, porque quizás la conciencia, el corazón, la mente o donde se aloje el amor va a decir que sí, que qué más da, por que no intentarlo, si al final el amor tiene que morir pues que muera entre los dos, eso es mejor a que quede vagando como alma en pena en un corazón solitario que se arrepintió de no haber continuado. 

Gracias Lilo... hoy tenés toda la razón.

martes, 16 de septiembre de 2008

Sobre las segundas veces


Muy pocas veces la segunda parte de una película exitosa llega a ser tan buena como la primera. Es muy, muy , muy, pero muy extraño que una película mala tenga una segunda parte y que, además, ésta mejore a su antecesora. Y es extraño que una tercera parte supere o iguale la calidad de los dos anteriores (a excepción de la Trilogía del Señor de Los Anillos y El Padrino, en fin, la excepxión confirma la regla)y así sucesivamente...

El caso es que lo mismo sucede con los noviazgos y relaciones de pareja. De nada sirve una secuela si ya todos sabemos que la segunda parte raramente superará las expectativas. Si, vale la pena darle la oportunidad... pero todos sabemos que no va a ser lo mismo.

martes, 9 de septiembre de 2008

Aunque no sea conmigo


Quisiera decirte que sí, pero no... que me fui abruptamente, porque eso era lo mejor para ambos. Pensé que era eso lo que querías... por eso me fui. Para no cagar aún más las cosas. Yo no era tu felicidad, a pesar de que en ocasiones tu si lo eras para mí. Quisiera decirte que... y que... y añadir que... pero no es tiempo para decir nada porque el tiempo ya pasó. Me abrí de tu lado, pretendiendo ser tu amigo, tan sólo eso... lástima que la mera idea te fastidie, lástima saber tarde que sí, que ajá, que todo eso, que lo mismo, que todo, lástima que ya sea tarde, lástima que... y me fui con una sola canción en la mente, la misma que abajo publico, porque ya es tarde, porque ya no vale nada, porque ya no importa.

A placer,
puedes tomarte el tiempo necesario
que por mi parte yo estare esperando
el dia en que te decidas a volver
y ser feliz como antes fuimos
Se muy bien
que como yo estaras sufriendo a diario
la soledad de dos amantes que al dejarse
esta luchando cada quien por no encontrarse
Y no es por eso
que halla dejado quererte un solo dia
estoy contigo aunque estes lejos de mi vida
por tu felicidad
a costa de la mia

Pero si ahora tienes
tan solo la mitad del gran amor
que aun te tengo
puedes jurar que al que te tiene lo bendigo
quiero que seas feliz
aunque no sea conmigo

martes, 12 de febrero de 2008

Él... ella

Este cuento lo escribí hace mucho tiempo, nadie lo ha leído, ya vencí ese miedo amor, ese viejo temor... Es hora de compartirlo

A ella... la distancia

Él se despierta todas las mañanas, se toma un tinto y espera...
Ella se levanta después de las 10 AM, bebe jugo de naranja y espera...

Él desayuna a las 9 AM cuando se decide a prepararse unos huevos revueltos o cuando se da cuenta de que ya es muy tarde para estar recostado haciendo pereza.
Ella abre la nevera y come lo primero que encuentre, así sean sobras de la cena de ayer. Lo importante es no cocinar nada, qué locha, para qué si ya casi es hora de almorzar.

Él, sagradamente, a las 2 PM se sienta frente a ella -todos los días- para decirle cosas lindas, detalles que sólo a ella le encantan, que la hacen sentir amada.
Ella, como acostumbra hacer, se sienta frente a él y se enternece con los detalles que él le hace, se siente la mujer más radiante sobre la tierra.

Él le da besos.
Ella se sonroja.

Él le dice que la quiere, que la ama, que es la mujer que ha estado esperando durante toda su vida porque es única, un ángel, una diosa, una estrella caída del cielo, la más bella flor silvestre, sutilezas, poemas de amor que sólo puede inspirarle ella, ella, la única, su amada, su mariposa libre...
Ella responde: ¡Qué lindo que sos vos!

Él le acaricia sus cabellos negros, la besa, la abraza, le hace el amor tierna y salvajemente -no importa como lo desees-, la desea, la observa atentamente, pasa sus manos por esos ojos color café que tanto le gustan.
Ella suspira... siente el viento acariciar su cuerpo, cada poro de su piel... siente como sus manos la recorren, la tocan, la palpan... unos labios la saborean; una nariz la huele, la aspira... un aroma cercano, familiar... huele a ti, querido mío.

Él quiere conocerla, estar a su lado, consentirla, palparla, besarla, aspirarla, estrecharla, sentirla, admirarla, idolatrarla, abrazarla, acalorarla.
Ella también desea que él lo haga... sin importar si él vive en Santiago de Cali (Colombia) y ella en Buenos Aires (Argentina)