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miércoles, 16 de mayo de 2018

Adolescente que duerme

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Un débil rayo de luz matutina se cuela a través de las cortinas grises de aquel cuarto de paredes blancas. En el suelo hay algo de desorden, medias a un lado, camisetas regadas a lo largo de la habitación; unos guayos llenos de lodo reposan en una esquina, junto a un balón de fútbol. Hay también un maletín abierto, varios cuadernos por fuera, una sudadera sucia, una chaqueta trajinada y maloliente, papeles desperdigados a un lado y otro. Justo en el centro de la habitación hay una cama y en ella, envuelto en esas sábanas blancas duerme plácidamente un adolescente. Aún no se ha dado cuenta de que le llegó la menstruación.

lunes, 14 de mayo de 2018

Un día díficil

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Lisa se despierta asustada, ya es tarde para salir a trabajar. Se baña lo más rápido que puede, ya tendrá tiempo el fin de semana para lavar su cabello como acostumbra. Se viste con lo primero que encuentra. Se parte una de sus uñas con la mesa de noche. No tiene tiempo para preparar desayuno, ni mucho menos de escoger la fruta que comerá a media mañana. Abre la nevera, coge lo primero que encuentra. Un yogur que se venció hace dos días. Con suerte no le caerá mal a su organismo. Con suerte el colon irritable de Lisa le perdonará esta imprudencia. Con suerte. Sale corriendo. Luego de veinte minutos pasa el bus que la lleva a la oficina. Va sudando, apretada en medio del tumulto. Un hombre está muy cerca a Lisa, le soba sus partes íntimas. Alguien cerca parece no haberse bañado. Y todavía falta mucho para llegar. Al parecer será un largo, casi interminable día.

domingo, 21 de enero de 2018

Historias de seres anónimos IV



Esos dos que bailan escondidos en el centro de la pista no son una pareja de novios o de amantes. Sí, lo parecen, porque se nota en la forma en que se miran, esa manera de moverse, esa cadencia y esa sincronía. Eso no es gratuito.

Bailan una salsa suave, una canción reservada para personas que tienen entre sí un nivel elevado de confianza. Pero estos dos en particular no son pareja. Pudieron llegar a serlo, pero eso es pasad, periódico de ayer que nadie procura ya leer.

Hubo muchas chispas cuando se conocieron. Alguien en común los presentó en un restaurante, intercambiaron números, se llamaron, se vieron, salieron. Las cosas parecían haber salido bien para quien actuó de celestina.

Pasaron varias tardes recostados en una cama comiendo chucherías, de esas que no nutren nada el cuerpo pero que son, a veces, tan necesarias para la felicidad de dos personas resignadas a engordar.

Todo parecía ir muy bien.

Pero hemos llegado a ese momento de la narración donde nos encontramos con un "pero". El de estos dos seres humanos fue la desconfianza, la incapacidad de preguntar, de manera abierta las dudas e interrogantes. El error fue suponer. Ella creyó que él, a pesar de la evidencia, era un hombre casado y sin atreverse a confirmar, se alejó porque mejor así, antes de comprometer aún más los sentimientos.

Él, al notar que ella le huía y lo evitaba, al constatar que no respondía sus mensajes, que no contestaba sus llamadas y que cada vez eran más escasos los momentos juntos, decidió tomar también otro rumbo.

Tiempo después él comenzó a salir con alguien, ella encontró a otro hombre. Cada cual pensó que sus caminos no se cruzarían. Hasta esta noche que se encontraron por casualidad en una discoteca. Están bailando, ya actualizaron los hechos de los últimos meses y se saben lejos el uno del otro. Tal vez podemos engañarnos a nosotros mismos, pero no a nuestros cuerpos: los de esta pareja que ya no es pareja se sienten aún cercanos, se saben aún los recorridos de la piel y el deseo. Lo que nadie sabe es que la canción que está terminando es la última oportunidad que tienen para repensarlo todo y tal vez seguir. Ambos dan un giro lento, suave, él le da las gracias, ella le sonríe, se van. Fragilidad.

martes, 17 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos III

La foto es de aquí

Las relaciones humanas son complejas. Bastante. Pensemos en dos seres, un hombre y una mujer. Son afines, podría decirse que se gustan, son compatibles. Esto bastaría para crear una historia de amor y romance muy sencilla: se conocen, salen, disfrutan de la vida, se conectan, discuten, se distancian. Feliz, feliz final o se alejan en definitiva. Pero no, no es el caso de estos dos seres.

Por un lado, digamos, las cosas no son tan sencillas: ella tiene novio, parece amarlo, parecen llevarse bien. Los fines de semana se quedan juntos, parecen uno de esos matrimonios de gente joven, que asumen la vida poco a poco, como se vaya presentando.

Y nuestro hombre... parece estar cómodo en su mundo de soltería. No porque viva en un mundo de desenfreno, en una debacle de lujuria y pasiones exacerbadas. Al contrario, su mundo parece muy calmado así, sin los afanes de una relación, de alguien demandando atención, y aunque asume que su posición es algo egoísta, así es el momento de la vida en que se encuentra.

La cuestión es que esta mujer le atrae. Es linda, es buena lectora y puede pasarse conversando con ella gran parte del día. Eso le encanta en una mujer: que pueda estar con ella sin que sienta el andar del reloj. Ese olvido del tiempo, del espacio, del mundo exterior, tan sólo ambos compartiendo por instantes este paso por la vida, es clave para él.

Ese otro que existe en la vida de ella es una sombra, una presencia que está ahí, en medio de los dos, los observa (sin saberlo) e impide que ellos, el hombre y la mujer que protagonizan este relato, den el siguiente paso, el que todos esperan se dé cuando un hombre y una mujer cualesquiera se atraen.

Ambos salen, comparten un instante de café, risas, libros, películas para ver en un momento determinado y anécdotas, de esas que suelen abundar cuando los seres humanos no se han privado de vivir, sí, como debe ser.

Y la despedida, decirse adiós con un beso en la mejilla cuando en el fondo lo que anhelan es un beso intenso, comerse los labios, abrazarse, abrasarse. La despedida es ese momento que los regresa al mundo, al aquí y ahora, para recordar que no pueden tenerse, que las circunstancias actuales los obligan a ser tan sólo amigos.

¿Y por qué ella no deja a su novio? Por el cariño de lo construido a lo largo de los años, los momentos, la sensación de bienestar, lo conoce y a pesar de que el amor no arde con la misma intensidad, no se traiciona de buenas a primeras lo que es querido.

¿Y por qué no tienen un romance a escondidas? Por que tienen miedo a que los descubran, a enamorarse, a comprometerse. Incluso, a perder la amistad que tienen.

Así están, sintiendo que les falta un poquito de todo cuando se despiden, sintiendo que ya nada es necesario cuando están cerca. Él con su miedo al compromiso piensa en ella. Ella piensa en esos dos hombres y no sabe qué hacer.

Las relaciones humanas son, de lejos, bastante complejas.

domingo, 15 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos II



Un hombre está tranquilo en su apartamento. Escucha música, de ese tipo que invita precisamente a la calma. Este hombre tiene cerca de 40 años, no es lo que se dice alguien atlético, pero al menos no está pasado de kilos. Su pelo está pintado de algunas canas, que no son pocas, pero no interesa saber con exactitud cuántas, solo que nos baste con saber eso.

Nuestro hombre en cuestión está recostado en la cama, escuchando música. Y suena el timbre.

Acaba de llegar la mujer con la que está saliendo, aunque sea más apropiado decir que ella tiene una aventura con él. Ambos trabajan juntos, ella es la asistente administrativa de la oficina, tiene 22 años y tiene novio. Por eso prefieren evitar las demostración de afecto en público. Nada de sonrisitas coquetas ni miradas furtivas, nada de celos ni comportamientos que los pongan en evidencia ante los demás. Es preferible que crean que se llevan muy bien a que anden circulando voces, habladurías, chismes. Es mejor evitar.

Se acuestan, se besan, dan vueltas en la cama, se acarician. Los amantes no tienen un orden para el deseo, se dejan llevar por lo más básico y primario de sus instintos. Se buscan, se anhelan. Tal es el ardor de la llama de lo prohibido, arde con fuerza porque teme el momento de su extinción.

Una vez saciada su necesidad, los besos, caricias y jugueteo, se quedan recostados uno al lado del otro, en ese silencio cómplice del deseo mutuo.

- Tengo la ligera impresión de que le gusto a Víctor.
- ¿Por qué dices eso?
- Es que a veces siento que me mira diferente, como me dice las cosas...
- ¿Tú crees?
- Además... a veces tiene detalles conmigo.
- La secretaria también tiene detalles conmigo y eso no quiere decir que ella esté interesada en mí.
- No es eso en sí. Es cómo lo hace, a eso me refiero.
- ¿Y cuál es el problema con todo eso?
- Pues que no quiero tenerlo encima mío todo el tiempo, rondándome, hablándome, invitándome a salir.
- ¿Y? ¿Acaso es mucho problema evitarlo, decirle que no, dejarle las cosas en claro?
- Eso no es problema, es que...
- ¿Qué?
- Pues que me da la impresión que al rechazarlo va a insistir más y más y capaz al final se dé cuenta de esto entre vos y yo.

Nuestro hombre antes de que la joven siga exponiendo su lista de temores, antes de que el miedo se apodere de ella la besa para espantarle las nubes. Se quita la camisa y le dice, así, entre besos, con el arrebato de las manos que recorren la piel, que no piense en eso, nada va a pasar, para eso son precavidos y cautelosos, ya verían, nada malo iba a suceder. Con frecuencia Dios protege a los pecadores.

martes, 10 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos I

La imagen es de acá

Digamos dos seres humanos, un hombre, una mujer, que tienen en común que son lectores desaforados. Se conocen de forma circunstancial, tal vez en algún comentario en un foro, por el tipo de contenido en alguna red social, algo de ese tipo. Lo importante es establecer que así fue el primer contacto que ambos tuvieron: virtual.

Mensaje va, mensaje viene. Todo parecía indicar que eran muy afines por que es fácil hablar de libros, es lindo encontrar a alguien que también sienta fascinación por las letras. Tal vez en el fondo ambos son un par de personas solitarias que se refugian en los libros por que no encuentran su lugar en este planeta o este es un sitio estremecedor y complejo. No sabemos a ciencia cierta la causa, la razón para que se lleven tan bien.

Llegó el día en que decidieron salir y tomar un café, para pasar del contacto virtual al físico. Sí, lo normal en estos casos: ansiedad, algo de susto, algo de nervios. Ella no sabía qué ponerse, él no sabía qué decir. La cuestión es que se encontraron y... no, no hubo chispa, esa chispa que tenían tanto. La conversación no fluyó, los silencios fueron más que incómodos, desesperantes. Al final se despidieron con una desazón y una angustia atravesada en la espina dorsal. 

De vez en cuando se saludan y se preguntan un par de cosas, por mera cortesía. Nada de romance, libros o cosas de esas.

martes, 3 de enero de 2017

Un hombre. Una mesa.




Un hombre. Una mesa. Un café lleno de gente. Varios minutos. La puerta. Una mujer. Un saludo. Una invitación, un rechazo. Algo de nostalgia por dentro. Una excusa, una disculpa, un adiós para siempre. La misma mujer, la puerta, un silencio, el mismo hombre, un par de lágrimas.

martes, 23 de junio de 2015

Salto al vacío



Estando frente al abismo, la tomó de la mano y le dijo que saltaran juntos, que no tuviera miedo, que despejara la mente, tan solo confiara en él y saltaran. 

Y ella, sin creerle aún, lo miró y asintió. Justo antes de saltar, se soltó, prefirió quedarse en tierra. Decidió no mirar hacia abajo, no quería que la última imagen de él fuera verlo estrellado en el suelo. 

Tal sería su sorpresa cuando lo vio subir, volando hacia los cielos, lejos, hacia el horizonte. Quiso llamarlo pero no, supo que ya era demasiado tarde.

lunes, 11 de mayo de 2015

Tómalo todo



Lo quieres todo ¿Cierto? Vamos, tómalo todo, no te preocupes, a eso he venido al mundo, a darlo  todo... eso no me preocupa. Cierta vez que hablamos, cuando recién nos conocimos y decidimos salir como un par de seres humanos que se atraían, te dije que conmigo podías tener lo que desearas, lo que siempre hubieras anhelado, yo iba a estar allí para ayudarte a alcanzar tus metas, a obtener lo que quisieras.

Pero también dije que tuvieras cuidado con esa cadena de avaricia y codicia.

Así que dale, llévate todo lo que tus delicadas manos puedan abarcar, todo lo que sientas que debes tener, dale, no importa. Igual, nadie piensa nada malo mientras tú abarcas las cosas con esa sonrisa tan tuya, nadie va a sentir que lo que haces está mal.

Y sí, es una lástima.

Estuve ahí cuando caíste, dándote la mano para que te levantaras, y a mi lado te repusiste. Cuando nadie te dio apoyo, yo lo hice. Cuando nadie creía en tí, cuando ni siquiera vos misma creías en vos, te demostré que estaba equivocada, que podías, que eras capaz. Y pudiste, levantaste tu mirada por solo un momento y pudiste.

¿Entonces? ¿Lo quieres todo? No lo pienses.

Y mientras tu estúpida avaricia te dice que debes pensar tan solo en ti, que nada interesa más en la vida, que te mereces más y más y más, que necesitas seguir adelante, que la vida te debe compensar todo lo que te ha faltado, lo que te han negado, lo que has sufrido, mientras vos haces todo eso y me dejas a la deriva, en el limbo, yo, con la espalda apoyada en la pared, te veo llevarte todo, apostarlo todo a los dados, creer que puedes, veo como buscas llenar tus manos, como deseas saciarte... y es triste.

Es triste porque al final lo tendrás todo, pero no tendrás nada de mi.


Catarsis de hace ya un buen tiempo atrás, a partir de una canción, la cual hoy prefiero reservarme.

miércoles, 25 de marzo de 2015

En verdad te pienso



Si te digo que te pienso es porque es así, porque en verdad te pienso. Si te digo que quiero besarte es porque mi labios anhelan estar cerca a los tuyos y jugar, como solían hacerlo. Si cuando compro un paquete de gomitas dejo para el final las rojas, es porque tú me dijiste que esas eran las más deliciosas pero las más poquitas. Si te invito a comer helado es que no tengo otra excusa para ver de nuevo tus ojos y tal vez poder abrazarte. Y por eso, si te digo todo esto es porque , si voy por aquí, si voy por allá, es así, es porque en verdad te pienso.

jueves, 12 de marzo de 2015

Un helado en sueños



Ella soñó que se encontraban en esa ciudad (donde ya no vivía) y él la invitaba a helado. Él, mientras soñaba despierto camino al trabajo, pensaba que la próxima vez que la viera le gustaría compartir un helado. Así se fueron encontrando, en sueños, dormidos, con los ojos abiertos, porque la vida es así, porque en sueños es el único modo que tienen  para verse.

viernes, 6 de marzo de 2015

Inexactitud del tiempo

Hoy, mientras buscaba unos archivos en mi memoria usb, encontré algo que escribí hace ya un buen tiempo, en el 2008. Tras sufrir un par de modificaciones, un par de líneas que decidí había que pulir, sentí que quería publicarlo. Porque como recientemente me enseñó alguien, "al pasado hay que honrarlo".



Los cuentos de antes empezaban con “había una vez” o “érase una vez”, para indicar un tiempo y un lugar distantes y remotos, incalculables. Así mismo debería empezar esta historia.

Hubo una vez en que tú y yo fuimos felices… hubo una vez en que tú y yo solíamos ser muy buenos amigos, en que las cosas fluían naturalmente; en que los extraños mecanismos del universo se movían a un solo ritmo, en una misma danza sutil e imperceptible; unos días en que los minutos florecían y dejaban un aroma en el aire que sólo unos cuantos podíamos sentir.

Hablo de esos días cuando llegaste a mi vida. Yo acababa de romper con alguien y me encontraba en ese momento en el que uno se siente más solo que nunca, más desadaptado del mundo y sin nada qué hacer. Exactamente, para ser más precisos, tú ya estabas en mi mundo desde cinco o seis años atrás, pero fue en ese punto cuando tu existencia cobró fuerza en mi desolada existencia.

Caminar contigo, estar a tu lado era someterse a vivir una experiencia salida de un musical, porque todo era único, mágico y diferente… la gente alrededor parecía bailar y entonar la misma canción. El más pequeño comentario, un leve gesto, un tropezón imperceptible, una disimulada equivocación o un incómodo silencio daban paso a nuestras carcajadas prolongadas que provocaban que quienes nos rodeaban nos miraran como un par de orates, chiflados, locos.

Nuestra amistad era eso y más ¿Cómo explicarle al mundo que jamás corrimos el velo ante nuestros ojos? ¿Cómo decirles que no sabíamos que de fondo había más? La gente nos preguntaba si éramos novios y siempre respondíamos que no, tan sólo somos los mejores amigos del mundo…

Quizás esa era una forma de mentirles a ellos, y sobre todo, a nosotros mismos.

Nuestra amistad era como una de esas telas que se van deshaciendo al halar un hilo… dejamos una pequeña hilacha suelta y al tirar de ella nuestros verdaderos sentimientos se fueron desprendiendo. Fue a partir de esa noche cuando llegamos ebrios a tu casa, cuando nos recostamos en tu cama a charlar y te besé… fue a partir de ese instante en que nuestros corazones se abrieron como la caja de Pandora y dejamos salir lo que atesorábamos sin saberlo.

Al principio te daba asco pensar en tu mejor amigo y tú, en la cama, en la madrugada… pero esos encuentros se hicieron recurrentes, y las caricias disimuladas, el contacto, el comentario con doble sentido… entonces sí, comprendimos que todo encajaba perfectamente, que nos habíamos enamorado sin intuirlo, que quizás si nos acoplábamos tan bien era por ese motivo. Tantas cosas, tanto tiempo.

Pero no todo fue perfecto…

Enamorarse de tu mejor amiga tiene sus ventajas… y sus desventajas también.

Como me conocías por completo temías de que fuera un capricho mío, algo momentáneo y pasajero. Te dio miedo perder al que considerabas uno de los seres más importantes de tu vida e intentaste frenar con todo. Yo no te lo permití… ya habías entrado de lleno en mi vida. Así muchas veces mientras hacíamos el amor, tú preguntabas si te quería y mi respuesta, cargada de una ternura nacida solamente para tus oídos, te llenaba de colores los oídos, de aromas las manos, de susurros la nariz. Y te aferrabas a mí tan fuerte que pensaba que de esa manera tratabas de que las palabras no se escaparan de tu lado.

Aún así… el miedo nunca se fue. Una y otra vez tuve que decirte que no era como creías.

Temías que al final me alejara de tu lado y te hiciera daño…
Al final de todo lo hice…

Ambos cambiamos. Me hiciste creer que todo lo habías hecho por conservar la amistad, que me besabas tan sólo porque me gustaba. Según tú poco disfrutabas de mis besos… pensé que no eras feliz conmigo, por eso me aparté del camino, para que encontraras tu felicidad con el sacrificio de la mía.

Es posible que mi error haya sido alejarme sin decir nada, sin buscarte para al menos darte una explicación o pedirte una. Por comentarios de la gente ne enteré que estabas bien… nadie dijo nunca que sufrías por dentro, tal vez porque jamás le demuestras al mundo lo que verdaderamente sientes.

No sé como reaccionaste cuando supiste por otra persona que ya había conocido a alguien y que salíamos. Había pasado un mes desde que pensé en alejarme de tu rumbo y ser sólo tu amigo. No sé si lloraste, no sé si sufriste… pensé que eso era lo que querías cuando me decías que buscara a otra mujer…

Por eso esta historia debió comenzar con el típico “érase una vez”, porque hubo un tiempo en que fuimos felices y ya no, porque hubo un nosotros en lugar de tú y yo por separado… porque ese “érase una vez” representa el tiempo inexacto y el lugar perdido en el espacio en que estuvimos unidos.

¿Ó lo estamos?

Porque aún te busco… porque te robo besos a la fuerza… porque no haces mayores esfuerzos por librarte de mí presencia… porque sin importar si estoy con alguien deseo regresar contigo…


Y ahora yaces a mi lado sin moverte… cualquiera diría que acabo de matarte impulsivamente para terminar con todo. Pero no. Esta no es una historia de asesinos, sino de profanadores de amores enterrados sin haber muerto; es una historia de la manera en como las circunstancias alteran en pocos meses una amistad de muchos años. Si, estás a mi lado durmiendo semidesnuda y yo te abrazo y te acaricio. Sé que jamás me voy a alejar de ti porque por más que intente somos un círculo vicioso; como una cinta de Moebius que al empezar una línea que recorra la figura siempre regresa al punto de partida; somos como un deja-vú sentimental que sucede en el tiempo una y otra, una y otra, una y otra vez.

martes, 10 de febrero de 2015

Y dale alegría a mi corazón

Sí, el cuento de hoy está inspirado en esta canción.



Era bonito sentir que compartía universo con alguien, que compartía aficiones y gustos con un hombre determinado en la vida, que ese alguien en particular estaba en un punto de esa misma ciudad, que pensaba en ella, que le embriagaba las noches, le motivaba los días.

Y es que fue en menos de tres meses que este hombre le cambió la perspectiva. Apareció una noche de repente, con la vida hecha trizas y ella decidió tenderle la mano. Una sonrisa, una cerveza, un amanecer juntos, tan solo eso bastó para que todo cambiara. 

Sí, fue bonito. Sobre todo cuando él dejó de aparecer en sus noches, cuando de repente, sin explicación alguna, su voz y sus palabras no acompañaron sus minutos y se quedó a la deriva.

Tiempo después, sin buscarlo, volvieron a verse. Él estaba como siempre, radiante, había compuesto su vida y ella decidió no preguntar nada, dejar que el universo por si mismo le explicara qué había sucedido. Entonces entendió que él había sido un cometa, una estrella fugaz, que había sido necesario, que tenía que aprender, soltar sus ataduras y ella misma seguir su propio camino. En esa ocasión él fue quien le ayudó a ella a remendar los retazos de su vida. Fue bonito reconciliarse con el pasado... y entender que existen miles y misteriosas formas de darle alegría a un corazón.

martes, 27 de enero de 2015

Trátame suavemente



Siempre hay un momento en cada relación humana en que las cosas se ponen, por decirlo así, difíciles. Y decir adiós no significa que no se ame sino, por el contrario, puede ser una muestra de amor desmedido, comprensivo, sin ataduras, incondicional. Amar también significa saber dejar ir en el momento indicado, si no sos feliz a mi lado ¿Qué puedo hacer más que decir adiós?

Es, si me permitís decirlo, corazón, saber hacerse a un lado.

A mi modo de ver las cosas, el nosotros que creamos a partir de lo que tu y yo somos fue poco convencional. Y no es malo, no. Cuando digo poco convencional me refiero a que supimos amoldarnos, que hicimos un buen equipo, un linda pareja, de esas que aprenden a encontrarse en sus afinidades, que de sus desencuentros hacen un motivo para conocer aún más al otro, de esas que no peleaban porque sí, que cometían errores pero se corregían, sí, funcionábamos a nuestro propio ritmo.

Pero aceptemos que cada quien trae consigo un universo por dentro... y tu universo tenía un dolor que debías y necesitabas sanar. No estoy negando que mi universo tenga sus propios demonios, porque tú, tu sabes que los tiene, pero yo aprendí a convivir con los míos y ellos conmigo, y aprendí a sobrellevar la carga del pasado, que la historia viaja con uno, que no se puede olvidar porque si lo hiciéramos cometeríamos los mismos errores de antes y no, así no se puede.

Entonces, ya sabes, es eso. Me hago a un lado para que arregles tus cosas sin la presión de tenerme cerca. Así, de ese modo, sin esperar más que espantes tus fantasmas, así es que te quiero.

Recuerda que cocinas delicioso, que en la sala de cine a la que acostumbramos a ir casi nunca hay nachos con queso, que por tu casa no se consigue el queso cheddar que tanto te gusta, que no tienes porqué discutir con tu hermana -simplemente dejala ser-, que el color negro es un color que te queda espectacular y que te ves aún más hermosa de lo que eres vistiendo de negro, que comer tanta golosina en la noche te cae pesado y que si tomas café luego no puedes dormir. No te olvides de tener paciencia cuando no entendés algo, es mejor si das un respiro, te oxígenas un momento y luego retomas, así no te frustras tanto; recuerda, además, que tu pareja debe ser tu equipo, tu apoyo en todo momento y que en tus momentos de angustia debes ser capaz de confiar en el otro.

Y que en la distancia, no lo olvides, estaré yo deseándote siempre dulces sueños.


(Y esta es la canción que está detrás del texto de hoy)

sábado, 2 de agosto de 2014

Cuando duermes



A esta hora ya debes estar más que dormida, mi Bella Durmiente. Te has quedado dormida casi sin querer. Sé de sobra que te faltan excusas y pretextos para quedar fundida en cualquier momento, que duermes bastante, que amas estar en tu cama y dormir, sencillamente dormir. No te juzgo, así te conocí, así te acepto, además, sería injusto quejarme cuando así también soy yo, sabes que más que nada en el mundo, el mejor lugar para mí es mi cama, mi colchón, es mi centro de actividades, el punto a partir del cual gira mi universo, todo.

¿Sabes? Esa es una de tantas cosas que me fascinan de  ti. Que duermas de esa forma tan tuya, tan despreocupada de la vida, de las cosas, de los afanes  de la cotidianidad, de la rutina, que busques refugio en el mundo de lo onírico. Cierras los ojos al mundo y te sumerges en el tuyo, en las hadas y avatares que pueblan cada uno de los rincones de tu universo, en los duendes traviesos que enredan tus cabellos sobre la almohada, en los hechizos y encantamientos que empleas para alejar las preocupaciones, en tus arcanos, tus constelaciones, tus estrellas.

Duermes ahora, mi Bella Durmiente, duermes. Duermes y todo alrededor se detiene, nada importa, nada interesa. Duermes para habitar tus sueños, duermes para componer lo que está mal, duermes porque sí, duermes y así me encantas, duermes y me encantas y creo que no te lo he dicho con mis palabras (porque a veces es difícil dejarlas salir así sin más), creo y espero estarlo diciendo con mis hechos y mis acciones, creo estarlo diciendo con lo que no digo pero espero sepas interpretar. Duermes y tal vez sueñas, duermes y tal vez yo protagonizo a tu lado uno de tus tantos sueños, tal vez estoy ahí contigo, mientras afuera despunta el amanecer, mi Bella Durmiente.

Mientras, acá donde estoy, trato de cerrar mis ojos, trato de conciliar mis sueños, de alejar las pesadillas, desde donde me encuentro te abrazo, te pienso, te suspiro, te deseo dulces sueños. Pienso que se me quedaron por decir tantas cosas pero que mañana tendré tiempo para decírtelas, para hacértelas saber con un beso, con el más sincero y tierno de los abrazos, mi Bella Durmiente. Mañana habrá tiempo para decirte sin palabras que me encantas, que me robas el aliento, que te enredas en mis suspiros, despacio, poco a poco, dejaré a un lado lo que hago y me quedaré mirando al infinito pensando si ya habrás despertado, si tuviste un lindo descanso, si seguirás enredada entre tus cobijas. Y entonces sentiré que, entre esa neblina que cubre los pensamientos al despertar, estoy colándome en tus pensamientos, que tal vez justo esa mañana fui tu primer pensamiento al iniciar el día y yo aquí y tú allá, nos encontramos en cualquier punto de la mañana pensándonos.

Pero no te preocupes, que mañana habrá tiempo suficiente para todo, por ahora descansa, descansa, descansa. No te preocupes por esa palabra que no alcanzaste a pronunciar, no pienses que tienes algo pendiente, no te desgastes en aquello que no fue. Mañana será otra oportunidad, por ahora duerme. Mañana habrá tiempo suficiente para todo, mi Bella Durmiente.

La canción, por si lo desean, aquí.

lunes, 30 de junio de 2014

Anybody seen my baby



Es raro, debí anticiparlo cuando la noche anterior mientras nos besábamos en la cama, sentí que lloraba, sus lágrimas caían por sus mejillas. Lo único que atiné hacer fue secar su rostro con mis manos. "No, no pasa nada", respondió cuando le pregunté el porqué de su llanto silencioso. Y luego, me besó aún con más pasión, se acercó aún más, se desnudó, me desnudó y así, llorando, hicimos el amor, una, dos veces, despacio, sin prisas ni premuras, despacio, mientras sus lágrimas resbalan por su rostro.

Al día siguiente, al abrir los ojos, no estaba. Su lado de la cama empezaba a enfriarse, había dejado su teléfono celular, sus documentos. No había siquiera una nota de despedida, ni un mensaje, nada. Llamé a todos los números de la gente que la conocía pero nadie supo dar razón. Solo Gabriela, su amiga incondicional, dijo "ah, otra de sus crisis", no dijo nada más, no dio ni una sola indicación de qué hacer.

Y me quedé así, con la certeza de que no estaba, que había dejado atrás todo. Sin saber qué hice, si actué mal, si dije algo indebido, si ella se sentía incómoda con el ritmo de nuestras cosas.

A veces me despierto a las cinco a.m. y no puedo seguir durmiendo y me entra un ataque de ansiedad y quisiera ponerme de pie, salir a buscarla, sin descansar hasta encontrarla, tenerla de nuevo frente a mí y... a veces me despierto y siento que hasta por aquí, cerca, que no se ha perdido del todo, que me ronda, tal vez está en un rincón de mi habitación y a oscuras me ve dormir, a oscuras me ve despertar, a oscuras me atormenta. 

¿Cuál era la razón de tu llanto esa noche, amor?

Voy caminando, rumbo al trabajo y creo verte en el rostro de los que pasan a mi lado, creo verte en la otra acera, detrás de una vitrina de un almacén de zapatos, desde un balcón, en un bus, la mujer que se queda mirándome, la pasajera de un taxi, la señorita que a lo lejos viene paseando un perro.

No estás acá pero cierro los  ojos y tal vez estés aquí, conmigo, tal vez sigues llorando y no quieres que te vea, que te sienta así. Llevas semanas sin aparecer, ni una llamada, ni un mensaje, un correo electrónico, algo, nada, nada maldita sea, nada. Tu lado de la cama está helado y las ropas que dejaste en el closet poco a poco, de tanto olerlas, han perdido tu aroma. Y no estás...

Ni cerca...

Ni lejos...

No estás...

Cierro los ojos y ni siquiera así, ya no te siento, no, no estás.



Ésta es la canción de hoy. Así. A ritmo de los Rolling Stones.

sábado, 21 de junio de 2014

S.O.S




Allá está ella. Y evita mirarlo, evita que sus miradas se encuentren, así sea por casualidad. Le esquiva la mirada, todos lo notan, es obvio. Mueve las cosas de lugar, habla con los que se le acercan y preguntan algo, canta, tararea fragmentos de canciones, limpia, organiza y lo evita. Todo lo hace evitándolo.

Allá está él. Y pareciera que se le escapa el alma en cada suspiro, en cada palabra que no dice, en cada instante que pasa lejos de ella. No le importa que los demás noten esa agonía interna, ese desespero. Nada vale la pena si ella está lejos. Nada vale la pena si ella no atiende su llamado de auxilio.

¿En qué momento llegaron a separare? ¿En qué momento dejaron que el dolor tomara las riendas? Nadie sabe que pasó, solían verse tan bien, solían encarnar eso que los libros y los poemas y las historias de los abuelos describen como felicidad. Si al caer la tarde, cuando el día comienza a vestirse de noche, salían tomados de la mano, sonriendo, con ese brillo propio de los ojos cuando se ama. Si a mitad de la mañana él llegaba con un vaso de café para ella y se daban un beso corto, así, de esos bonitos, cargado de amor. Si ella, a eso de las 3 pm, pasaba a su lado, le acariciaba la mejilla y despeinaba su cabello.

Y la gente que entra a la tienda los mira a cada uno, y callan, porque sin conocerlos, sin saber su historia, saben que entre ellos dos hay un vacío.

A veces, cuando él está atento en otra cosa, ella lo mira de reojo. Y un par de minúsculas lágrimas se asoman por sus ojos y quizás teme que sea lo último, lo definitivo, que algo adentro se esté muriendo. Pero no. Tiene miedo y eso basta para no ir corriendo a besarlo. A veces, cuando ella se queda mirando hacia la calle, él parece tomar el impulso para ir hasta donde ella, abrazarla y espantarle las sombras, las pesadillas, los miedos, los temores y poblarle de besos la vida, el aliento, los amaneceres. Pero no.

Pero no.

Pero no. No hay distancia más grande que la que se forma cuando los corazones de dos personas están tan cerca y laten a la misma frecuencia pero sus dueños no se deciden a perdonarse y amarse.

No.

Esta es la primera de lo que planeo sean las narraciones de escenas inspiradas en once canciones que, a lo largo de los últimos dos años, me han perseguido, gustado, rayado la cabeza, no sé.
La canción original que da nombre a esta entrada la canta Abba, la que me gusta, la canta Meryl Streep

miércoles, 18 de junio de 2014

Crimen perfecto



Romper un corazón es el crimen perfecto. Como los sentimientos no tienen cuerpo ni queda una evidencia tangible del daño, no queda evidencia de lo que pasó, el daño está hecho, el dolor va por dentro. No importa si ese alguien, la persona herida, lastimada, se pudre por dentro, de a poco, bastante, no. Las palabras se las lleva el viento, el dolor pasa (tarde o temprano) y ni huella del cadáver. Romper un corazón es el crimen perfecto.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Decir(te) adiós



Debería empezar saludando, diciendo "hola" y todas esas convenciones, pero no, creo que no vale la pena porque la probabilidad de que leas esto tiende a ser nula. No vale la pena saludar a un destinatario que no va a leer. Pero bueno, asumamos que aunque la probabilidad de tu lectura es nula, existe un mínimo porcentaje de que leas y conviene entonces saludarte.

Hola.

Esto que casi inicia sin un saludo es un texto que busca decir adiós. Un adiós raro, poco acostumbrado. No es un "adiós, que te vaya bien", ni un "adiós, espero que nuestros caminos no se vuelvan a cruzar jamás". Es un adiós solo, sin mayores pretensiones ni esperanzas. Un adiós que no espera que des media vuelta, me mires y sonrías, prometiendo que regresarás pronto, no. Es un adiós que debí pronunciar hace ya un buen tiempo, es el punto final que no me atrevía a poner en el último párrafo. Es un adiós cargado de gratitud, de buenos deseos, esperando que tu camino y tu viaje no sean muy agitados. Es un adiós que evita los reproches y las culpas, el pensar qué debí hacer, el creer qué debiste hacer, es una despedida que acepta nuestra incoherente naturaleza.

No conozco el futuro, no sé si más adelante nuestros caminos se cruzan, se unen, se enredan, se sobreponen, se acompañan, se alejan, se yuxtaponen, no sé. La cuestión es que hoy ya no estás acá, a mi lado, tu sonrisa no... no, nada, sin cursilerías, decidiste irte, punto. Dejemos las palabras bonitas, las metáforas y todo eso para los que saben hacer del lenguaje un poema, los que saben con tan poco llenar de tanto sentido una línea, una frase.

Este es mi adiós, un adiós tímido que no se atrevía a salir.

Este es mi modo de cerrar esto, es mi manera de abrirme a otros espacios, a otra gente, a otras sonrisas, a otros modos de ver las cosas. Es mi modo de hacer las cosas, es la forma en que decido ponerle el punto final, cambiar la página y seguir escribiendo mi historia.

Un beso, uno de tantos que quedaron en el tintero; un abrazo, uno de esos que siempre vas a encontrar en mí.

Adiós.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Llueve



Llueve y la gente huye del agua. Llueve y todos buscan refugio, pero estoy acá, en la mitad del camino, y no me importa que la ropa de a poco, como sea, al ritmo en que llueve, se humedezca, se emparame... no, no me importa, estoy aquí, bajo este diluvio y pienso en vos Sofía Krauss, en vos y nuestra historia bajo esa épica lluvia, cuando todos estaban lejos y como por cosa de la suerte o del azar, vos y yo nos quedamos bajo esa ya lejana y olvidada lluvia y se nos ocurrió (prefiero el "nos" porque en últimas no vale la pena establecer quién tomó el impulso, no) acercarnos, buscarnos con los labios y besarnos, cuando tomé tu rostro con mis dedos y corrí tu cabello, te aferraste a mí... qué segundos tan líquidos Sofía. Y ahí estábamos, así como estoy ahora, mientras llovía, mientras llueve... ese fue el inicio de nuestra historia, de nuestra lluvia... y después de vos no volvió a llover igual.