miércoles, 24 de septiembre de 2008

De experiencias vacías...

Cierto día leí por ahí una frase que...

"El sexo sin amor es una experiencia vacía. 
Pero como experiencia vacía es una de las mejores..."
Woody Allen

lunes, 22 de septiembre de 2008

Las segundas veces III


"¿x q necesita sufrir hasta el final si puedes ahorrar este sufrimiento, acaso no me dijiste que el sufrimiento es opcional?"

"Aunque uno es ocioso y siempre quiere saber el final, regularmente uno podría gastarse la plata en una película mejor"

Con estas frases de cierta amiga y colega mía quiero cerrar, al menos por un tiempo, el dichoso tema de las segundas y demás veces. Sí, ella tiene toda la berraca razón (y por eso, mil veces fuck!)... al final siempre va a haber dolor, lágrimas, decepciones, y todas esas cosas que se sienten con la partida, la ruptura. Y quizás uno podría ir a ver una nueva película, de la cual uno ha recibido buenos comentarios (siguiendo con la metáfora), pero nadie podrá quitarnos esa sensación, esos deseos de ver esa película, por mala que digan que sea, puede más la nostalgia, el cariño por el filme... en fin, en resumidas cuentas, no sé, como diría una señorita de polvos mágicos "todo es relativo", hoy no quiero divagar...

Las segundas veces II


Aunque esta nueva entrada que publico hoy vaya en contra de la primera parte (en resumen: las segundas partes generalmente no superan las espectativas de las primeras), un comentario de alguien en mi correo me hizo reflexionar algo:

"Solo sé que no conozco muchas segundas partes buenas, pero sería muy dificil seguir la vida sin saber que hubiese pasado tal vez esa sea la gran defensa de las segundas partes..."

Muchas veces uno ve la segunda parte de un filme por amor al arte, por pasión cinematográfica, por gusto, porque se tiene al menos la impresión de que las expectativas son muchas y ya se sabe a que atenerse con esa obra... e incluso algunos han visto una tercera parte tan sólo por saber ocmo se tiraron la historia de esa película. Alguien cierta vez me comentó que se vio Terminator III sólo por verla, porque bueno... incluso mencionó que Terminator II es mejor que la primera. Y ahora que lo pienso, para entender, comprender y apreciar toda la magnificiencia del Señor de Los Anillos se tiene que, como mínimo, ver toda la trilogía completa. 

Al final, uno, como espectador, va a sentir la necesidad de saber al final como terminó la historia ¿Destruyeron el anillo? ¿Se casaron al final? ¿En qué quedó todo? ¿Pudieron detener la catastrofe final? ¿Si valió la pena tanto esfuerzo? ¿La pildora azul o la roja?

Entonces sí, a pesar de todo, a pesar de que quizás uno vaya a saber a qué atenerse, a pesar de que uno sabe que se van a cometer los mismos errores, que el cuento de la confianza rota, de que no va a ser lo mismo, que vale, que a lo mejor me lo merezco, bueno, pero mi voz no te la vendo y lo que opinen de nosotros, porque quizás la conciencia, el corazón, la mente o donde se aloje el amor va a decir que sí, que qué más da, por que no intentarlo, si al final el amor tiene que morir pues que muera entre los dos, eso es mejor a que quede vagando como alma en pena en un corazón solitario que se arrepintió de no haber continuado. 

Gracias Lilo... hoy tenés toda la razón.

martes, 16 de septiembre de 2008

Sobre las segundas veces


Muy pocas veces la segunda parte de una película exitosa llega a ser tan buena como la primera. Es muy, muy , muy, pero muy extraño que una película mala tenga una segunda parte y que, además, ésta mejore a su antecesora. Y es extraño que una tercera parte supere o iguale la calidad de los dos anteriores (a excepción de la Trilogía del Señor de Los Anillos y El Padrino, en fin, la excepxión confirma la regla)y así sucesivamente...

El caso es que lo mismo sucede con los noviazgos y relaciones de pareja. De nada sirve una secuela si ya todos sabemos que la segunda parte raramente superará las expectativas. Si, vale la pena darle la oportunidad... pero todos sabemos que no va a ser lo mismo.

martes, 9 de septiembre de 2008

Aunque no sea conmigo


Quisiera decirte que sí, pero no... que me fui abruptamente, porque eso era lo mejor para ambos. Pensé que era eso lo que querías... por eso me fui. Para no cagar aún más las cosas. Yo no era tu felicidad, a pesar de que en ocasiones tu si lo eras para mí. Quisiera decirte que... y que... y añadir que... pero no es tiempo para decir nada porque el tiempo ya pasó. Me abrí de tu lado, pretendiendo ser tu amigo, tan sólo eso... lástima que la mera idea te fastidie, lástima saber tarde que sí, que ajá, que todo eso, que lo mismo, que todo, lástima que ya sea tarde, lástima que... y me fui con una sola canción en la mente, la misma que abajo publico, porque ya es tarde, porque ya no vale nada, porque ya no importa.

A placer,
puedes tomarte el tiempo necesario
que por mi parte yo estare esperando
el dia en que te decidas a volver
y ser feliz como antes fuimos
Se muy bien
que como yo estaras sufriendo a diario
la soledad de dos amantes que al dejarse
esta luchando cada quien por no encontrarse
Y no es por eso
que halla dejado quererte un solo dia
estoy contigo aunque estes lejos de mi vida
por tu felicidad
a costa de la mia

Pero si ahora tienes
tan solo la mitad del gran amor
que aun te tengo
puedes jurar que al que te tiene lo bendigo
quiero que seas feliz
aunque no sea conmigo

martes, 5 de agosto de 2008

Del tiempo y espacio

Lo siguiente lo leí en el blog de Scully, que a su vez lo leyó en el blog de alguien llamado Almu, quien a su vez la escuchó de su hermano, quien a su vez la leyó de un libro de semiótica:


"El tiempo existe para que no ocurra todo al mismo tiempo,
y el espacio existe para que no me ocurra todo a mí."

Amo mis defectos



La literatura de auto-ayuda nos ha enseñado que se deben trabajar los defectos, luchar por ser día a día mejor, superarse, dejar atrás las barreras y muchas más metáforas sobre el mejoramiento de la personalidad y esas cosas, metáforas que muchos quizás pueden aportar.

Los defectos son cualidades incomprendidas. Son la cucaracha a la que se saca de la cocina, la muchacha del servicio que debe esconderse cuando llega la visita, el pariente feo y cansón de la familia, la mancha en la pared que se trata de ocultar con el afiche de la película de moda. Son, en definitiva, esa parte de uno mismo de la cual uno se avergüenza en ocasiones.

Yo amo mis defectos. Adoro ser malgeniado, perfeccionista, burletero, complicado, exigente... y un largo etcétera. Amo ser malgeniado porque tengo un temperamento fuerte y no dejo que nadie me pisotee. Me gusta ser perfeccionista porque sé que puedo dar lo mejor de mí y continuamente me reto a hacerlo. Me burlo a diario, de mí, de la gente que me rodea, del mundo y sobre todo de mí, porque encuentro en los pequeños detalles de la vida cosas para reirme. Soy complicado y exigente... no me gusta conformarme con cualquier detalle.

La gente deberia amar sus "defectos", estar orgullosa de ellos. Son parte constitutiva de uno. Punto.

lunes, 4 de agosto de 2008

Del amor eterno y los mismos demonios



Con el tiempo, con la experiencia que poco a poco (en algunos casos diría yo) se gana con las caídas, los tropiezos y el regreso a la marcha uno va aprendiendo que no hay nada más efímero que el amor eterno.

Además, que el mismo es una paradoja...

El otro te va a amar por siempre mientras la relación dure... o hasta donde su amor aguante...
Porque además el tiempo no cura todas las heridas, porque uno se encarga de arruinar (quiera o no) las relaciones...

Y al final se cae todo el cuento del amor, porque en últimas se termina odiando (en el peor de los casos) a esa persona que en principio lo era todo, un ser perfecto al cual se le aceptaban las boberías, los defectos que parecen bonitos al comienzo. Se termina todo y los héroes se mueren, no hay más pastel, no alcanzó la torta para todos, el hada madrina se olvidó de ti, las estrellas ya no te sonríen, velas rojas, muchas velas rojas.

Por eso, cuando alguien jura amor eterno miente...

Por eso, es mejor esperar que ese alguien te va a querer (sin importar si mucho o poco o nada, esa es otra cuestión) y punto. Para saber cuánto tiempo lo va a querer alguien a uno es necesario preguntárselo al tiempo.