martes, 6 de febrero de 2018

Salir con alguien



Salir con alguien es salir con las soledades que carga esa persona, con sus vacíos, sus carencias, sus ausencias. 

Es descubrir que el universo, de a dos, puede llegar a ser habitado más fácil. 

Es dejar a un lado la carga, para compartir por breves instantes el gozo de una grata compañía, el placer de una conversación sin rumbos fijos ni planes premeditados.

Es aventurarse a descubrir otro ritmo, otro compás, otra forma de moverse por el espacio. 

Es abrir una puerta para descubrir nuevas ideas.

Es permitirse entrar en tensión con ciertos valores y criterios, encontrar posibilidades, ver con otros ojos lo cotidiano.

jueves, 25 de enero de 2018

Las heridas ocultas que llevamos

Tomado de aquí


"Ser escritor significa detenerse en las heridas ocultas que llevamos en nuestro interior, de cuya existencia, como mucho, tenemos una ligera idea, descubrirlas y conocerlas pacientemente, sacarlas bien a la luz y convertir esas heridas y sufrimientos en una parte de nuestra escritura y nuestra personalidad que abrazamos conscientemente"

Orhan Pamuk

domingo, 21 de enero de 2018

Historias de seres anónimos IV



Esos dos que bailan escondidos en el centro de la pista no son una pareja de novios o de amantes. Sí, lo parecen, porque se nota en la forma en que se miran, esa manera de moverse, esa cadencia y esa sincronía. Eso no es gratuito.

Bailan una salsa suave, una canción reservada para personas que tienen entre sí un nivel elevado de confianza. Pero estos dos en particular no son pareja. Pudieron llegar a serlo, pero eso es pasad, periódico de ayer que nadie procura ya leer.

Hubo muchas chispas cuando se conocieron. Alguien en común los presentó en un restaurante, intercambiaron números, se llamaron, se vieron, salieron. Las cosas parecían haber salido bien para quien actuó de celestina.

Pasaron varias tardes recostados en una cama comiendo chucherías, de esas que no nutren nada el cuerpo pero que son, a veces, tan necesarias para la felicidad de dos personas resignadas a engordar.

Todo parecía ir muy bien.

Pero hemos llegado a ese momento de la narración donde nos encontramos con un "pero". El de estos dos seres humanos fue la desconfianza, la incapacidad de preguntar, de manera abierta las dudas e interrogantes. El error fue suponer. Ella creyó que él, a pesar de la evidencia, era un hombre casado y sin atreverse a confirmar, se alejó porque mejor así, antes de comprometer aún más los sentimientos.

Él, al notar que ella le huía y lo evitaba, al constatar que no respondía sus mensajes, que no contestaba sus llamadas y que cada vez eran más escasos los momentos juntos, decidió tomar también otro rumbo.

Tiempo después él comenzó a salir con alguien, ella encontró a otro hombre. Cada cual pensó que sus caminos no se cruzarían. Hasta esta noche que se encontraron por casualidad en una discoteca. Están bailando, ya actualizaron los hechos de los últimos meses y se saben lejos el uno del otro. Tal vez podemos engañarnos a nosotros mismos, pero no a nuestros cuerpos: los de esta pareja que ya no es pareja se sienten aún cercanos, se saben aún los recorridos de la piel y el deseo. Lo que nadie sabe es que la canción que está terminando es la última oportunidad que tienen para repensarlo todo y tal vez seguir. Ambos dan un giro lento, suave, él le da las gracias, ella le sonríe, se van. Fragilidad.

miércoles, 10 de enero de 2018

Los libros de 2017



Es probable que a diez días de haber iniciado este nuevo año sea algo tarde para aprovechar y hacer balance del anterior. Sin embargo, dado que este recuento también le interesa a otra persona en el mundo (Hola Andrea), me sentiría mal por no hacerlo. Fueron 56 libros los que leí el año pasado, todo seguido por goodreads.

El primer libro del año fue la Antología de grandes reportajes colombianos que compiló Daniel Samper Pizano, que recoge una buena selección publicada en diarios y revistas de material que aún hoy en día se usa para enseñar periodismo en las universidades. "El día en que llovieron plátanos"  de Ernesto McCausland Sojo y "Caracas sin agua" de García Márquez son piezas memorables. Leer estos reportajes sirvió para recordar que quizás, uno de los oficios o labores más bellas del periodismo es narrar mucho más allá de los hechos noticiosos.

También leí Retrato en sangre de John Katzenbach, motivado por la lectura de El Psicoanalista. Este libro quizás no tenga la fuerza y el enganche, más bien es medio flojo a momentos, pero fue entretenido en últimas. Como para pasar el tiempo.

La mamá de una de mis mejores amigas me prestó Y las montañas hablaron de Khaled Hosseini, un libro que duró cerca de cuatro meses en mi mesa de noche hasta que tomé el impulso de leerlo de una buena vez por todas. Una historia muy linda, que sigue el curso de dos hermanos que se separan desde muy pequeños. Memorable.

En 2017 se dio la oportunidad de releer Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, un libro que revela mucho sobre nosotros, nuestra humanidad. Una historia que llega a abrirnos los ojos sobre la manera cómo nos movemos por el mundo, lo invisible que se tornan algunas cosas que parecen básicas. Una bella pero estremecedora fábula.

También leí Mientras escribo de Stephen King, un libro compuesto por varios textos en los que el maestro del terror habla sobre sus pulsiones al momento de asumir la escritura, la experiencia de los primeros años, la vida como docente, algunos de sus demonios, la escritura como puente y salvación.

Leí cositas varias sobre escritura. Libros con selección de consejos de escritores, una guía para mejorar la escritura de ficción de una de las escuelas de Estados Unidos. Seda de Baricco, de nuevo, por segunda vez, siempre hay que volver a la sencillez poética de esas líneas. Los textos de escritura de Murakami. La belleza y la simpleza de la prosa de Evelio Rosero en Los Ejércitos, la historia de ese hombre viejo que vive en un pueblo perdido en medio de la violencia colombiana. Muchos cómics, batallas de héroes, seres poderosos en su intento fallido de conquistar el universo. Pecado de Laura Restrepo, una publicación que quería leer desde mitad de año y que llegó a mí gracias a un accidentado regalo, fue el libro de cerrar el 2017.

Espero que el 2018 venga con nuevos destinos literarios. Espero terminar en algún momento la colección de cuentos de Raymond Carver que empecé a leer a mitad de año. Espero avanzar con la lectura de la saga de La torre oscura de King. Espero leer, sí, y también escribir, que es la propuesta de cada año. Esperemos entonces.

martes, 17 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos III

La foto es de aquí

Las relaciones humanas son complejas. Bastante. Pensemos en dos seres, un hombre y una mujer. Son afines, podría decirse que se gustan, son compatibles. Esto bastaría para crear una historia de amor y romance muy sencilla: se conocen, salen, disfrutan de la vida, se conectan, discuten, se distancian. Feliz, feliz final o se alejan en definitiva. Pero no, no es el caso de estos dos seres.

Por un lado, digamos, las cosas no son tan sencillas: ella tiene novio, parece amarlo, parecen llevarse bien. Los fines de semana se quedan juntos, parecen uno de esos matrimonios de gente joven, que asumen la vida poco a poco, como se vaya presentando.

Y nuestro hombre... parece estar cómodo en su mundo de soltería. No porque viva en un mundo de desenfreno, en una debacle de lujuria y pasiones exacerbadas. Al contrario, su mundo parece muy calmado así, sin los afanes de una relación, de alguien demandando atención, y aunque asume que su posición es algo egoísta, así es el momento de la vida en que se encuentra.

La cuestión es que esta mujer le atrae. Es linda, es buena lectora y puede pasarse conversando con ella gran parte del día. Eso le encanta en una mujer: que pueda estar con ella sin que sienta el andar del reloj. Ese olvido del tiempo, del espacio, del mundo exterior, tan sólo ambos compartiendo por instantes este paso por la vida, es clave para él.

Ese otro que existe en la vida de ella es una sombra, una presencia que está ahí, en medio de los dos, los observa (sin saberlo) e impide que ellos, el hombre y la mujer que protagonizan este relato, den el siguiente paso, el que todos esperan se dé cuando un hombre y una mujer cualesquiera se atraen.

Ambos salen, comparten un instante de café, risas, libros, películas para ver en un momento determinado y anécdotas, de esas que suelen abundar cuando los seres humanos no se han privado de vivir, sí, como debe ser.

Y la despedida, decirse adiós con un beso en la mejilla cuando en el fondo lo que anhelan es un beso intenso, comerse los labios, abrazarse, abrasarse. La despedida es ese momento que los regresa al mundo, al aquí y ahora, para recordar que no pueden tenerse, que las circunstancias actuales los obligan a ser tan sólo amigos.

¿Y por qué ella no deja a su novio? Por el cariño de lo construido a lo largo de los años, los momentos, la sensación de bienestar, lo conoce y a pesar de que el amor no arde con la misma intensidad, no se traiciona de buenas a primeras lo que es querido.

¿Y por qué no tienen un romance a escondidas? Por que tienen miedo a que los descubran, a enamorarse, a comprometerse. Incluso, a perder la amistad que tienen.

Así están, sintiendo que les falta un poquito de todo cuando se despiden, sintiendo que ya nada es necesario cuando están cerca. Él con su miedo al compromiso piensa en ella. Ella piensa en esos dos hombres y no sabe qué hacer.

Las relaciones humanas son, de lejos, bastante complejas.

domingo, 15 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos II



Un hombre está tranquilo en su apartamento. Escucha música, de ese tipo que invita precisamente a la calma. Este hombre tiene cerca de 40 años, no es lo que se dice alguien atlético, pero al menos no está pasado de kilos. Su pelo está pintado de algunas canas, que no son pocas, pero no interesa saber con exactitud cuántas, solo que nos baste con saber eso.

Nuestro hombre en cuestión está recostado en la cama, escuchando música. Y suena el timbre.

Acaba de llegar la mujer con la que está saliendo, aunque sea más apropiado decir que ella tiene una aventura con él. Ambos trabajan juntos, ella es la asistente administrativa de la oficina, tiene 22 años y tiene novio. Por eso prefieren evitar las demostración de afecto en público. Nada de sonrisitas coquetas ni miradas furtivas, nada de celos ni comportamientos que los pongan en evidencia ante los demás. Es preferible que crean que se llevan muy bien a que anden circulando voces, habladurías, chismes. Es mejor evitar.

Se acuestan, se besan, dan vueltas en la cama, se acarician. Los amantes no tienen un orden para el deseo, se dejan llevar por lo más básico y primario de sus instintos. Se buscan, se anhelan. Tal es el ardor de la llama de lo prohibido, arde con fuerza porque teme el momento de su extinción.

Una vez saciada su necesidad, los besos, caricias y jugueteo, se quedan recostados uno al lado del otro, en ese silencio cómplice del deseo mutuo.

- Tengo la ligera impresión de que le gusto a Víctor.
- ¿Por qué dices eso?
- Es que a veces siento que me mira diferente, como me dice las cosas...
- ¿Tú crees?
- Además... a veces tiene detalles conmigo.
- La secretaria también tiene detalles conmigo y eso no quiere decir que ella esté interesada en mí.
- No es eso en sí. Es cómo lo hace, a eso me refiero.
- ¿Y cuál es el problema con todo eso?
- Pues que no quiero tenerlo encima mío todo el tiempo, rondándome, hablándome, invitándome a salir.
- ¿Y? ¿Acaso es mucho problema evitarlo, decirle que no, dejarle las cosas en claro?
- Eso no es problema, es que...
- ¿Qué?
- Pues que me da la impresión que al rechazarlo va a insistir más y más y capaz al final se dé cuenta de esto entre vos y yo.

Nuestro hombre antes de que la joven siga exponiendo su lista de temores, antes de que el miedo se apodere de ella la besa para espantarle las nubes. Se quita la camisa y le dice, así, entre besos, con el arrebato de las manos que recorren la piel, que no piense en eso, nada va a pasar, para eso son precavidos y cautelosos, ya verían, nada malo iba a suceder. Con frecuencia Dios protege a los pecadores.

martes, 10 de octubre de 2017

Historias de seres anónimos I

La imagen es de acá

Digamos dos seres humanos, un hombre, una mujer, que tienen en común que son lectores desaforados. Se conocen de forma circunstancial, tal vez en algún comentario en un foro, por el tipo de contenido en alguna red social, algo de ese tipo. Lo importante es establecer que así fue el primer contacto que ambos tuvieron: virtual.

Mensaje va, mensaje viene. Todo parecía indicar que eran muy afines por que es fácil hablar de libros, es lindo encontrar a alguien que también sienta fascinación por las letras. Tal vez en el fondo ambos son un par de personas solitarias que se refugian en los libros por que no encuentran su lugar en este planeta o este es un sitio estremecedor y complejo. No sabemos a ciencia cierta la causa, la razón para que se lleven tan bien.

Llegó el día en que decidieron salir y tomar un café, para pasar del contacto virtual al físico. Sí, lo normal en estos casos: ansiedad, algo de susto, algo de nervios. Ella no sabía qué ponerse, él no sabía qué decir. La cuestión es que se encontraron y... no, no hubo chispa, esa chispa que tenían tanto. La conversación no fluyó, los silencios fueron más que incómodos, desesperantes. Al final se despidieron con una desazón y una angustia atravesada en la espina dorsal. 

De vez en cuando se saludan y se preguntan un par de cosas, por mera cortesía. Nada de romance, libros o cosas de esas.

viernes, 28 de julio de 2017

Cicatriz



"¿Por qué quiere la familia a toda costa que cicatricen las heridas? Una tiene derecho a no reponerse de una pena amorosa".

En La biblioteca de los libros rechazados, David Foenkinos.