sábado, 5 de enero de 2008

Un empleo divertido


Hace poco me enteré que un compañero del colegio está trabajando como recepcionista de un motel. Debe de ser algo extraño y a la vez divertido.

¿Cuántas personas debe haber visto entrar y salir en una sola noche? ¿Cuántas parejas pueden haber desfilado ante sus ojos? ¿Cuántas niñas de 15 o 16 años pueden haber entrado de brazos de pseudo-traquetos de poca monta? ¿O por hombre adultos? Quizás esa cifra ha de superar con creces el número de parejas de mujeres adultas con jovencitos orgullosos de encamarse con una mujer mayor ¿Cuántas parejas del mismo sexo? ¿Cuántas en una misma habitación? ¿ A cuántas parejas habrá visto entrar con cara de ir al patíbulo, con susto de perder la virginidad? ¿Cuántas entrarán con una sonrisa y saldrán decepcionadas o peleando?

La primera vez que uno va a un motel le da pena. Cree que el recepcionista lo va a mirar a uno mal. Pero no, de hecho, no nos mira. Para el que está allí debe ser común ver entrar a una pareja que por un rato -3 horas por lo general- va a tocar el cielo, a alcanzar esa especie de Nirvana sexual que es el orgasmo.

Mi amigo tiene el tipo de empleo con el que uno sueña, donde uno cree que todos los días habrá algo que contar. Pero quizás al final lo divertido terminará por ser tedioso. No sé, falta esperar qué dice él.
(Perdoname Maga por usar la foto de Kermie, pero es que es la ideal para este tema)

1 comentario:

Angélika Scully dijo...

Un empleo así me resultaría divertido sólo a la hora de comentar mis observaciones con otra persona, o mejor aún, escribirlas en un blog.