martes, 12 de febrero de 2008

Él... ella

Este cuento lo escribí hace mucho tiempo, nadie lo ha leído, ya vencí ese miedo amor, ese viejo temor... Es hora de compartirlo

A ella... la distancia

Él se despierta todas las mañanas, se toma un tinto y espera...
Ella se levanta después de las 10 AM, bebe jugo de naranja y espera...

Él desayuna a las 9 AM cuando se decide a prepararse unos huevos revueltos o cuando se da cuenta de que ya es muy tarde para estar recostado haciendo pereza.
Ella abre la nevera y come lo primero que encuentre, así sean sobras de la cena de ayer. Lo importante es no cocinar nada, qué locha, para qué si ya casi es hora de almorzar.

Él, sagradamente, a las 2 PM se sienta frente a ella -todos los días- para decirle cosas lindas, detalles que sólo a ella le encantan, que la hacen sentir amada.
Ella, como acostumbra hacer, se sienta frente a él y se enternece con los detalles que él le hace, se siente la mujer más radiante sobre la tierra.

Él le da besos.
Ella se sonroja.

Él le dice que la quiere, que la ama, que es la mujer que ha estado esperando durante toda su vida porque es única, un ángel, una diosa, una estrella caída del cielo, la más bella flor silvestre, sutilezas, poemas de amor que sólo puede inspirarle ella, ella, la única, su amada, su mariposa libre...
Ella responde: ¡Qué lindo que sos vos!

Él le acaricia sus cabellos negros, la besa, la abraza, le hace el amor tierna y salvajemente -no importa como lo desees-, la desea, la observa atentamente, pasa sus manos por esos ojos color café que tanto le gustan.
Ella suspira... siente el viento acariciar su cuerpo, cada poro de su piel... siente como sus manos la recorren, la tocan, la palpan... unos labios la saborean; una nariz la huele, la aspira... un aroma cercano, familiar... huele a ti, querido mío.

Él quiere conocerla, estar a su lado, consentirla, palparla, besarla, aspirarla, estrecharla, sentirla, admirarla, idolatrarla, abrazarla, acalorarla.
Ella también desea que él lo haga... sin importar si él vive en Santiago de Cali (Colombia) y ella en Buenos Aires (Argentina)

1 comentario:

Angélika Scully dijo...

Esta genial el cuento. Me ha fascinado